Guillermo Juan Morado
Católico y masón
La última reunión de la OTAN, celebrada esta semana no parece haber obtenido resultado concreto alguno, salvo la vaga promesa de incrementar el gasto porcentual en defensa, obviamente en beneficio de la industria norteamericana, pues la europea no tiene aún la dimensión adecuada para justificar tamaño incremento en las partidas de gasto. Como es normal estas promesas serán rápidamente olvidadas y sólo se incrementará algo el gasto en defensa, normalmente reetiquetando otras partidas de gasto común, como infraestructuras civiles o pago de pensiones a militares, con ese nombre. Pero aparte de esto y de las habituales bravatas de Trump, quien reventó de paso la reunión con un nuevo ataque a Irán, y las también habituales y casi rituales amenazas a sus socios, por su racanería en el gasto, que serán rápidamente olvidadas por ambas partes, poco más puede decirse que se haya sacado en limpio de tal despliegue de líderes, con sus respectivos séquitos. Queda abierta la cuestión de para que sirve entonces tan cara alianza a día de hoy.
Se necesita establecer un enemigo claramente definido que justifique tamaña organización de estados. La OTAN fue creada en un mundo de guerra fría en la que existía un rival de pareja dimensión, percibido como una amenaza creíble, que se comportaba a veces agresivamente con su propios socios y disputaba la hegemonía mundial con la alianza atlántica. Eran los tiempos en los que una parte sustancial de la población mundial se situaba bajo la férula del comunismo y amenazaba expandirse a áreas geográficas del mundo , que antes estaban bajo el control de los Estados Unidos o los países de Europa occidental. Además este bloque contaba con una ideología que ofrecía una transformación radical de la vida social y económica y que podía, por tanto ser atractiva a gran parte de la población de lo que ahora se denomina Sur Global, contando a la vez con complicidades entre buena parte de la intelectualidad y organizaciones políticas y sindicales en el corazón mismo del bloque occidental. Era un enemigo que podría justificar una alianza. No se sabe en cambio cuales son los enemigos potenciales de hoy, ni en que consiste exactamente su amenaza. Durante una temporada la OTAN parecía estar destinada a luchar contra el cambio climático o alguna amenaza existencial de este tipo y que tenía difícil justificación en el plano militar, pero la invasión de Ucrania parece haber definido a Rusia como una nueva amenaza militar, salvando a la alianza de la irrelevancia. Pero, aparte de que no se la define explícitamente como el enemigo a contener, la Rusia de hoy no es como la Unión Soviética de antes. Primero porque los casi ciento cincuenta millones de rusos no deberían suponer una amenaza para quinientos millones de europeos, mucho más ricos y que ya gastan en defensa más del doble de lo que lo hacen los restos del viejo imperio de los zares. Los rusos tampoco presentan una amenaza en el sentido de que no plantean una revolución en la forma de vida o un cambio sustancial en las relaciones de propiedad, es más son en muchos aspectos más conservadores en lo económico y lo social que los propios europeos. Aún siendo un enemigo potencial no meten el mismo miedo que ates. Lo mismo acontece con China, el otro posible rival estratégico de la alianza. Aparte de que es un país que tampoco busca cambiar las sociedades de otros países y no es especialmente agresivo en el exterior, es hoy el principal garante mundial de unas relaciones comerciales ordenadas y pacíficas. Además aquí se busca la inversión china y se aplaude cuando llega. No parece un enemigo feroz. Creo que la OTAN ha muerto de éxito y va siendo el momento de repensar sus funciones, o su propia existencia.
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