Esos muertos que nadie cita

Publicado: 17 ene 2025 - 01:10

La idea de la muerte como proceso natural y necesario ha acompañado al ser humano desde el momento de abrir los ojos a la realidad existencial. Su aceptación ha pasado por todo tipo de movimientos, desde el culto colectivo al intento de ignorarla. Desde la alquimia a la ciencia moderna el ser humano ha tratado de encontrar caminos para retrasar su irreversibilidad. En paralelo, para no temerla se han inventado todo tipo de artimañas. Yo, desde mi ateísmo, tengo la certeza de que los dioses se crearon para no temer a la muerte. Y también creo que las amenazas y condenas a muerte son el instrumento más eficaz de dominio por parte de los poderes establecidos, legales e ilegales. Un repaso a la historia de la muerte y su uso social ofrece un panorama desalentador de la condición humana. Vemos como el fenómeno guarda las claves para entender, sin tapujos ni filosofías, nuestros comportamientos gregarios y al mismo tiempo egoístas.

En los últimos años me he interesado por la historia de la muerte del ser humano tratando de comprender su importancia y comportamientos de cada época. Es evidente que para los dos actos más importantes de nuestra existencia, nacer y morir, nadie nos pide permiso, pero ambos condicionan todos los capítulos intermedios. Si yo hubiera nacido en la Roma imperial habría muerto en el circo. De haber sido en la Castilla medieval sería quemado por hereje. De haber caído en la Alemania nazi mi fin estaría en los campos de exterminio… Nací en pleno franquismo pero me libré de las fosas comunes aunque tuve que morderme la lengua por mucho tiempo a la hora de opinar. Sin embargo la muerte de algunos familiares y amigos represaliados planea sobre mi pensamiento. ¿Por qué hoy pienso por pensar en la muerte o en las muertes de otros? Le diré:

En nuestros días la muerte se ha trivializado hasta el extremo de ser el fotograma más repetido de cuantas películas se proyectan cada día. Ha pasado a ser la secuencia o el dato más habitual de las noticias audiovisuales e impresas. Y las guerras, como el genocidio de Gaza hoy puesto en pausa, no tienen otro objetivo que generar una escalada de muertes en la estadística cotidiana. Frente a este fenómeno o al despropósito de la invasión de Ucrania por Putin y similares, a veces pienso que estos impulsos de humanos contra humanos pueden ser consecuencia de la superpoblación del planeta, un modo de eliminar excedentes. ¡Terrible, si esto fuera así! Pero lo parece porque ninguna razón de posesión territorial, de desacuerdo político, de intereses económicos y similares justifica el asesinato de más de cincuenta mil personas en unos pocos kilómetros cuadrados empobrecidos. Se mata por matar y el resto del mundo lo contempla sentado a la puerta de su domicilio, como el estoico impasible del cuento.

Además, esa mirada global nos distrae de otras muertes cercanas. Lo estamos viendo con los 223 muertos, a consecuencia de la Dana en Levante, que han pasado a ser irrelevantes tapados por una factura, una comida del irresponsable Mazón y los enredos del PP para no perder votos y poder en la zona… O los 7.291 ancianos muertos en las residencias madrileñas sobre los que Isabel Díaz Ayuso padece amnesia… O aquellos del Yak-42 que a Federico Trillo le dolieron escasamente… O las 850 víctimas de ETA que sólo salen a escena para incrementar las políticas del odio y la división… Son esos muertos que nadie cita porque el interés político partidario los tapa. Por su honra a mí me gustaría saber si Mazón o Isabel o Trillo o Netanyahu o Putin necesitan tomar alprazolam para dormir y escapar de la muerte.

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