Julia Navarro
De justicia
Reconozco haber caído rendido ante la avalancha de titulares sobre el bolso de lujo de la hija de Yolanda Díaz. Y confieso que un cosquilleo de satisfacción y alivio ha recorrido de arriba a abajo o viceversa la silueta de la democracia española cuando la propia vicepresidenta prêt-à-porter ha confirmado que el bolso en cuestión era de mercadillo. Realmente, hay tan poca diferencia entre la imitación y el original en la política de hoy en día que la cosa requeriría un informe de la UCO o el ojo clínico de un comité de expertos de esos de pega que de vez en cuando se inventa el sanchismo. En este caso no sería necesario un certificado de autenticidad, sino una patente de fe en la palabra socialcomunista del falso bolso, que no falso testimonio. Cuando la pobre viceYoli dijo aquello de “queda Gobierno de corrupción para rato” ya estaba en marcha la campaña gubernamental contra las falsificaciones. Así que, si reconoce el bolso de lujo, malo; y si, como dijo, estamos ante una falsificación, también. En las redes se habló mucho del bolsito de Marc Jacobs, que en su versión de marca auténtica vale 600 euros de nada.
Claro que una madre como Yolanda que vive la política desde la pasarela variada de modelos mientras predica el reparto de la riqueza fiel a sus supuestas políticas comunistas de burguesa acomodada no puede por menos que dar en el clavo en su diagnóstico del sistema al explicar la procedencia del bolso de su hija. Era de mercadillo, leches, como la España de Pedro. Y en efecto, esta etapa política de España es un mercadillo de principio a fin. Porque todo ha sido una subasta de regateo y pactos hasta que Junts se ha hartado de que Pedro el pícaro les tomara el pelo, de que les engañara hasta con la amnistía, como un día vaticinó Feijóo en el Congreso.
A España, el sanchismo la ha convertido en un mercadillo de todo a un euro o una chistorra, bolso más o sobre menos, porque Pedro hace política de baratija. España está en saldo, y más que va a estar cuando se levanten las alfombras y se vea el déficit verdadero como sucedió con Zapatero. España está de rebajas porque ni la hija de toda una vicepresidenta se puede comprar un bolso auténtico y tiene que tirar de la falsificación de mercadillo.
Hasta los presupuestos inexistentes son de mercadillo, como las políticas de pega del sanchismo, los decretos-ley que no prosperarán y todas las iniciativas legislativas sin mayoría que el Gobierno pueda llevar al Congreso para tenernos entretenidos y alargar su agonía en el poder. En realidad, todo lo que estamos viendo últimamente, juicio del fiscal del borrado incluido, es de mercadillo. Estamos en el régimen del mercadillo donde la falsedad se vende como auténtica, la verdad se transforma en mentira e inocencia y viceversa y la imitación de la democracia se da como buena. Vivimos en el mercadillo de una Legislatura agotada, en la puja permanente de la polarización, en la compra-venta de votos para extender el dominio de las minorías sobre las verdaderas mayorías. La hija de Yolanda nos ha abierto los ojos: España es un mercadillo de falsificación democrática.
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