Memorias de ida y vuelta

Publicado: 24 mar 2026 - 03:59
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Fue creo, José Luis Rodríguez Zapatero, -el mismo que ayer en un programa de radio aseguró que todo lo que gana lo declara y paga por ello un cuantioso IRPF a contracorriente de un torrente de sospechas sobre sus pingues actividades laborales privadas- quien puso en liza el polémico procedimiento de la Memoria Histórica que se ha llamado después Memoria Democrática. El entonces presidente del Gobierno, que en el mismo programa de radio ha admitido que es amigo personal y muy íntimo de la presidenta Delcy Rodríguez y de su hermano Jorge, también se inventó aquel otro paradójico y utópico activo que bautizó como Alianza de las Civilizaciones, cuyas aplicaciones aún hoy están por cuantificar al margen de esta última e inquietante actuación que hemos conocido y que nos muestra los pepinazos que dispara Irán en los que los iraníes han colocado una pegatina que en árabe y en inglés le da las gracias por su respaldo al presidente Sánchez.

Pues bien, este personaje tan cuestionado y tan sujeto a ciertas comparaciones, que fue un mal presidente y que es hoy un excelso conseguidor, metió el palo en un latente avispero con su empeño por resucitar las pugnas de la guerra civil sabiendo que de su memoria solo quedaba ya el recuerdo diseminado por algunas construcciones aún en pie ochenta años después de su desenlace y solo reflejada y bastante mal por cierto, en los libros de texto de los escolares de las nuevas generaciones, que no sabían una palabra de ella y si necesitaban recordarla era para que alguien se la hiciera saber con equilibrio y pragmatismo muy lejos de los parámetros que lastraron de salida aquella propuesta que solo supo desenterrar la guerra de un solo lado olvidando que también hubo y de forma equidistante, horrores y víctimas en el otro.

Hoy sabemos que los adolescentes de esta parte del siglo nuevo no tienen ni idea de nuestra historia en general quizá porque ha sido una de las asignaturas peor impartidas de todo el programa escolar y ha sucumbido víctima de partidismos, interpretaciones sesgadas e interesadas y una educación fraccionada e incompleta. Hoy sabemos que los niños vascos ignoran qué fue ETA veinte años después de haber depuesto las armas.

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