Rafael Torres
La eutanasia de Noelia
Hace unos 30 años, al poco de crearse la Universidad de Vigo, se hizo un listado de las titulaciones que se irían implantando en los siguientes ejercicios y al campus vigués le cayó en el reparto la segunda facultad de medicina gallega. Eso, como es bien conocido, nunca se cumplió, pese a los reiterados intentos por lograrlo. Uno, muy famoso, fue la comisión de alcaldes del área de Vigo, todos del PP, que se entrevistaron con Fraga para pedir que diera vía libre a la titulación. El entonces presidente gallego se negó en redondo aludiendo que supondría un golpe mortal para la Universidad de Santiago y quizá tenía razón. Desde entonces, la facultad compostelana ha seguido creciendo y ya es la número 1 de España en cuanto al número de alumnos, precisamente por ser la única escuela en Galicia. Así que el asunto vuelve a estar sobre la mesa, ahora como descentralización. En este sentido, el único avance real ha sido que el sexto año se puede impartir en el Cunqueiro, que así se convirtió en hospital universitario. Quizá el cuarto o el quinto curso también en el futuro, y eso pasa por contratar profesores habilitados. No será fácil, ni rápido ni barato, pero vale la pena y no solo por una cuestión de equidad, sino también de eficiencia.
En cuestión sanitaria no es solo la titulación de Medicina, que se la deben a la Universidad de Vigo y que todos los rectores mantienen como una reclamación al ralentí: también que los hospitales cuenten con especialidades de alta tecnología y trasplantes, concentrados en su totalidad en Santiago y Coruña, lo que no parece ni lógico ni desde luego justo. Para Vigo tiene el añadido de que a consecuencia, su principal hospital baja de categoría en los rankings. Y eso acaba afectando sobre la calidad del área sanitaria y en último término sobre los pacientes. Doble asignatura pendiente de la Xunta.
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