Nemesio Rodríguez Lois
¿Pedirá Felipe VI perdón a paraguayos, argentinos y brasileños?
Del mismo modo de que para que toque la lotería es imprescindible jugar algún décimo, encontrarnos con sorpresas televisivas depende fundamentalmente del oportuno uso del mando a distancia en labores de zapping Y a mi me tocó el premio días pasados al toparme con un inesperado derby futbolístico con el Deportivo y el Celta sobre el césped de Balaidos. Era agua pasada, pero inmediatamente movió el molino de mi interés haciendo que asistiese al espectáculo como si se tratase de un actual encuentro de competición oficial. Dos magníficos equipos instalados en la parte alta de la tabla clasificatoria de una de las mejores ligas del mundo ofrecían una lucha enconada, esforzada y con ribetes de excelente futbol. No era de extrañar porque en el campo se movían numerosas joyas del deporte rey y si el Deportivo asustaba con hombres como Donato, Manuel Pablo, Mauro Silva, Valerón, Fran o Makay, el Celta entusiasmaba con Caballero, Djorovic (no estoy muy seguro de la grafía) Mostovoi, Gustavo López, un Juan Fran de rabiosa cabellera anaranjada o un Giobanela que se multiplicaba hasta lo inconcebible. Y Balaidos en una gran fiesta presentaba las gradas atiborradas de enfervorizados aficionados de una y otra tendenciaque gozaron y lloraron con tres espléndidos goles; el primero de Manuel Pablo y los dos celestes de Djorovic y Mostovoi Hasta aquí gozosa y sentida añoranza. Ahora me pregunto si alguna vez volveremos a disfrutar de tan preciado estatus, porque la Segunda División no se corresponde con Vigo ni con la historia del Celta; tan ligados entre si que en más de una ocasión, en Francia y en Inglaterra, al decir que era de Vigo se me contestaba con un delicioso Ah, Celta de Vigo. Y, por todo ello, es hora de que todos arrimemos el hombro con ambición de metas casi olvidadas. sin prisas que podrían llevarnos a decepcionantes fracasos, pero sin pausas en el esfuerzo. Como cantábamos en el campamento de Monte la Reina, con fe y voluntad. Este año parecen atisbarse buenas sensaciones. Convirtámoslas en realidades partiendo de la base de que antes de que los aficionados arropen al equipo es necesario que éste entusiasme a aquellos. La simbiosis de estas dos actitudes depararía éxitos que hace tiempo se fueron de vacaciones. Como el verano se acaba, hay que volver al tajo. Conscientes de la difícil situación económica no podemos pedir milagros, pero tampoco debemos olvidarnos de las ventajas que en este sentido reportaría el regreso a Primera División. Ojala que sin malgastar sepamos invertir y que sin negar que la suerte juega un papel importantísimo, no ignoremos que es necesario buscarla. Los primeros interesados en este apasionante negocio deben ser los jugadores, porque una plantilla que consigue el ascenso se revaloriza de inmediato. Afanándose con honradez y esfuerzo desde el primero al último minuto y sin desmayos en los contratiempos, medio camino estará andado. El resto, claro está, depende de la propia calidad y de la de los rivales y como no parece que, a priori, estemos en inferioridad y contamos con un entrenador solvente y trabajador, ¿Quién dijo miedo?. Por otra parte el celtismo hoy aburrido y medio dormido, tiene que recuperar sus señas de identidad que le definieron como una venerada religión a la que sin descanso se prestaba devoción. No nos contentemos con soñar con añoranza ante el televisor con las glorias del pasado y volvamos a profesar aquel alborozado culto y a bañarnos en la abandonada fuente de Las Traviesas. El telón acaba de alzarse y tras un preocupante comienzo, en Soria sonaron campanas de gloria pidiendo la aportación de jugadores y aficionados, todos a una como en Fuenteovejuna y ya sin margen de espera. Si de verdad nos lo proponemos, con Herrera, a la primera, a Primera.
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