Rafael Torres
La eutanasia de Noelia
La creencia más extendida es que a Pedro Sánchez no lo va a mover de la presidencia del Gobierno nada que pueda cuantificarse. Ni siquiera un terremoto político como el que se está produciendo con dos de sus secretarios de Organización involucrados en procesos penales, uno en la cárcel sin fianza y el otro a un paso de acompañarlo. La evidencia desde luego respalda está suposición porque los partidos que lo sostienen en la presidencia nunca han vivido mejor. La situación de Sánchez es tan indecente como el ámbito que le rodea y que ha instigado él mismo con su forma de gobernar, pero también es tan precaria como el equilibrio político en el que ha desembocado le ha impuesto. Es un presidente amortizado, acabado y hundido al que su ego asombroso ha conducido a la ruina. Es también un manipulador y un mentiroso que está recolectando el producto de su modo suicida de encarar la función política. Y es, en efecto, el ejemplo más deshonroso de un político que ha pretendido que la democracia, la libertad, la razón, la transparencia, la justicia y el sentido común se subordinen a sus apetencias personales. Es por tanto y a día de hoy, un espantajo que ni siquiera y en su delirio se ha permitido dejar un resquicio en su insaciable ambición para marcharse con dignidad. Ahí seguirá sin capacidad alguna para gobernar y en manos de sus socios hasta que sus socios se lo permitan. La idea que se teje en la fontanería de Presidencia tras el fallido episodio de la máquina del fango, es ahora convencer al respetable de que los involucrados en este ámbito de corrupción cuyos límites ni siquiera se divisan, están corruptos antes de llegar a las esferas de mando y que no ha sido el ámbito de Gobierno el que los ha pervertido. Eran malos per se y no por contagio.
Desgraciadamente, entre esos malos que venía ya tocados de malicia está la mujer y el hermano del presidente, cuyas respectivas causas están en manos de los juzgados. El de este último es el que tiene un aspecto más preocupante porque si ya estaba grave, ha venido el impúdico Miguel Gallardo para hacerlo peor de lo que estaba. Gallardo es otro de los ejemplos vivos de que la sombra de Sánchez es alargada y que su estilo se contagia y lo pervierte todo.
Contenido patrocinado
También te puede interesar