La madre de todos los juicios

Publicado: 09 abr 2026 - 01:10
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Opinión. | Atlántico

Las primeras sesiones del juicio que sienta el banquillo al ex ministro Ábalos, el ex secretario general Santos Cerdán, el lacayo Koldo y el comisionista Aldama, punta de lanza de toda una red de comportamientos entrelazados emparentados a su vez con las prácticas de corrupción más vergonzosas, no es un juicio contra un grupo aislado de personajes que han ejercido el choriceo de modo autónomo, sino una causa abierta contra el propio presidente del Gobierno, quien se convirtió nada más prosperar su moción de censura, en el instrumento imprescindible para el desarrollo de un régimen basado en el saqueo de las cuentas del Estado y la implantación de un protocolo de actuación basado en el control de las instituciones como fuente de lucro personal y exhibición obscena de un ejercicio de poder sin normas de conducta ni salvaguarda ética alguna. Este final en la sala de un juicio sugiere que un sistema de vasallaje y mordidas se fue fraguando y tomando forma en el famoso Peugeot que se echó a la carretera para reconquistar el sitio perdido y hacer de aquel Pedro Sánchez al que su propio partido tiró por una ventana, el garante de un nuevo método ideado exclusivamente para ganar influencia, poder y muchísimo dinero. Los que van a pasar por este trago dramático de juicio y togas no son personajes residuales de la administración precisamente. Son primeros espadas y eso añade mayor miseria al tema.

Ayer comenzó el desfile de testigos, especialmente mujeres reclutadas por el entorno de Ábalos para su propio disfrute y lucimiento que, a cambio de este sometimiento, recibieron favores con forma de empleos en organismos dependientes del ministerio que desempeñaba Ábalos. Sus declaraciones son esperpénticas. Una de las testificantes argumenta que iba a trabajar a su puesto. El trabajo consistía en acercarse a la biblioteca de Oviedo y leer libros. Las otras ni siquiera iban. A una de ellas, un funcionario cumplidor le abrió un expediente por no aparecer por su puesto de trabajo en ocho días. Al final, el probo funcionario fue el expedientado. Esto va para largo y aún queda mucho que ver.

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