Opinión

Pregón al Santísimo Cristo de la Victoria

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Pregón al Santísimo Cristo de la Victoria

Excelentísimo señor Alcalde de la ciudad de Vigo, miembros de la Corporación Municipal, Reverendísimo señor Obispo de la Diócesis de Tui-Vigo, Autoridades, Junta Directiva y miembros de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Victoria, familiares, amigas y amigos, señoras y señores, muy buenos días.


En primer lugar, quiero agradecer a la Junta Directiva de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Victoria y muy especialmente a su Hermana Mayor, Doña Marora Martín-Caloto, el que haya pensado en mí como pregonera del Santísimo Cristo de la Victoria. Como viguesa, como científica y, sobre todo, como mujer es para mí un orgullo y un honor estar escribiendo esta página de la historia que asumo también como una gran responsabilidad.


Les confieso que cuando el Secretario de la Cofradía, Don Carlos Borras, me llamó para proponerme ser la pregonera de este año me quede tan sorprendida que, en ese momento, no supe reaccionar. Posteriormente empecé a pensar en el inmenso honor que para mí, para mi familia y para el Instituto Español de Oceanografía, la Institución que me honro en representar, suponía esta distinción.
Es bien conocido que el pregón ha sido “el reflejo de la evolución histórica, social, política, económica y espiritual de la ciudad”. Este año, tan especial para las mujeres, en el que desde el convencimiento todos los sectores de la sociedad trabajan para conseguir la igualdad entre hombres y mujeres, la Cofradía del Santísimo Cristo de la Victoria también ha dado un paso al frente y nombra como pregonera, por primera vez en su historia, a una mujer, reivindicando el derecho a una sociedad sin diferencias por razón de género.
Me enorgullezco de ser Viguesa por los cuatro costados, con abuelos originarios de los diferentes ayuntamientos que conformaron la actual ciudad de Vigo (Bouzas, Lavadores y el Berbés). Sin embargo, tengo que reconocer humildemente que, aunque siempre he vivido esta fecha como una jornada festiva y he participado en los actos conmemorativos, nunca había profundizado en el origen de la Cofradía, de la talla del “Cristo de la Sal” y de la Iglesia de Santa María.


 Conocía únicamente la preciosa leyenda que me contaba mi abuela cuando éramos pequeños, sobre cómo arribó la talla a Vigo. Según aquella historia, el Cristo llegó a la villa de Vigo en un barco de sal que lo encontró flotando en altamar. Al ser sorprendido por una tempestad, la tripulación hizo la promesa, si conseguían salvarse, de dejarlo en el primer puerto en el que encontrasen abrigo.
Como científica que soy, me empeñé en contrastar los hechos mencionados con rigurosidad y, aplicando el método científico, lo primero que hice fue una búsqueda de información sobre el tema en cuestión. Gracias a ello, he aprendido que no existe documentación fehaciente sobre el origen de la talla del Cristo de la Sal y que la primera noticia documentada sobre el mismo data de 1740. Después de revisar la bibliografía, he decidido que prefiero continuar creyendo en la preciosa leyenda de mi abuela. Puede que no sea la opción más científica, pero sí la que me provoca mayores emociones.


Pero mi investigación bibliográfica me sirvió para enterarme de aspectos desconocidos de la historia de la talla, como que tras la Guerra de la Independencia, los vigueses le atribuyeron la victoria sobre los franceses, el 28 de marzo de 1809. Como homenaje, a partir de 1810, la procesión en su honor comenzó a celebrarse anualmente el 28 de marzo. Sin embargo, la lluvia, el frío y la coincidencia con la Semana Santa, hicieron que se trasladase la celebración a junio para posteriormente, a partir de 1883, fijar el primer domingo de agosto como fecha definitiva. Esta procesión es una tradición arraigada y mantenida en muchos hogares de la ciudad, entre ellos el de mi familia, tanto materna como paterna.


Cuando jugaba en el atrio de la Colegiata (para mí la Concatedral de Santa María será siempre la Colegiata, que es como la llamamos en casa) con mis hermanos y mis primos, no podía imaginar que hoy estaría aquí, en este momento tan especial, singular y emotivo.
Muchos momentos trascendentales de mi vida han transcurrido unidos a la Colegiata y a sus párrocos. Don Moisés Alonso, actual párroco, me bautizó y durante muchos años, en la época de Don Librado, asistí con mis padres y mis abuelos a la misa de 12 del domingo. Don José Pereira me casó y nuevamente, ante Don Moisés, acompañé a mi padre al altar en la celebración de sus bodas de oro.


Como comenté anteriormente, tengo el privilegio de desarrollar mi carrera profesional en el Centro Oceanográfico de Vigo del Instituto Español de Oceanografía, del que soy su actual directora, en un entorno tan maravilloso como es la ciudad de Vigo y en un medio tan sorprendente, ilusionante y desconocido como es el mar.


El Centro se ha desarrollado simultáneamente con el avance, el progreso y el crecimiento de Vigo. Su creación, el 2 de septiembre de 1917, fue posible gracias al impulso del Ayuntamiento y de la Junta de Obras del Puerto de la ciudad. El apoyo al establecimiento de un “laboratorio biológico”, se debió fundamentalmente a la inquietud social ante un problema que preocupaba, en los primeros años del siglo XX, a los sectores productivos y a la población en general, como fue la crisis de la sardina, por sus consecuencias sobre la economía y el empleo. Actualmente, 100 años después, la sardina y su escasez vuelven a preocupar a pescadores y científicos, y en nuestro Centro seguimos dedicando, como en los inicios, un gran 3 esfuerzo para conseguir un futuro sostenible de la explotación de esta y otras muchas especies emblemáticas de nuestros mares.


A lo largo de los años, varias generaciones de investigadores, de personal técnico y de la administración han llevado al laboratorio a su situación actual con una implantación social y un reconocimiento indiscutible como referente nacional e internacional en la investigación marina.


 Es un Centro de investigación vinculado con la sociedad y con el tejido productivo de Vigo y de Galicia. Las investigaciones realizadas, en materia de medio ambiente, pesca, acuicultura y calidad de los productos alimenticios de origen marino, dan respuesta tanto a las administraciones y a las instituciones, como a los sectores productivos, a los grupos de interés y a la sociedad en su conjunto. Una sociedad que si hablamos de Galicia y especialmente de Vigo, está íntimamente fundida con el mar y con la pesca. Por ello, el Instituto Español de Oceanografía trabaja intercambiando conocimiento con armadores y pescadores en una estrecha y muy productiva colaboración.


Me gusta imaginar que la primera visión que la imagen del Cristo tuvo de la ciudad de Vigo es la misma que tenemos nosotros cuando regresamos de las campañas oceanográficas, cuando, después de divisar las Islas Cíes, enfilamos la maravillosa Ría de Vigo. En ese instante, somos conscientes de que llegamos a casa y que ya estamos protegidos y al abrigo de las duras inclemencias del mar. 
Sin embargo, el amparo del Cristo no ha sido suficiente para protegernos de los numerosos accidentes marítimos que han amenazado la riqueza y la belleza de nuestras agrestes costas, como el del Polycommander o más recientemente el del Prestige. En esas situaciones, nuestro Instituto también ha demostrado una gran capacidad de respuesta y ha aportado sus conocimientos, sus medios y sus equipos para el servicio público.


Me gustaría aprovechar la ocasión para expresar mi reconocimiento al excelente trabajo de todo el personal que a lo largo de este siglo ha desarrollado su trabajo en el Centro Oceanográfico de Vigo. Gracias a ellas y a ellos, el IEO está donde le corresponde como Institución centenaria con un amplio recorrido y con grandes retos de futuro. Para afrontarlos esperamos contar con la protección del Santísimo Cristo de la Victoria tanto en nuestra vida diaria, como en nuestros proyectos de investigación y en nuestras travesías por los diferentes mares donde desarrollamos nuestra actividad.
Efectivamente, la comunidad científica marina tiene la responsabilidad de enfrentarse a importantes desafíos futuros. El objetivo 14 de la Agenda de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas reconoce la necesidad de conservar y utilizar de forma sostenible los océanos, los mares y los recursos marinos, marcando así los principios por los que deben 4 regirse las políticas de la emergente economía azul. La Unión Europea también ha desarrollado su propia estrategia de crecimiento azul, basada en los tres pilares de la sostenibilidad: ambiental, económica y social.


Estamos preparados para ello. En el entorno de Vigo contamos con un excelente polo de conocimiento científico relacionado con la investigación marina. A la presencia del Centro Oceanográfico del IEO, se une la Facultad de Ciencias del Mar de la Universidad de Vigo, el Instituto de Investigaciones Marinas del CSIC, la ECIMAT o el CETMAR, entre otros. Este elenco de instituciones y sus investigadores serán los encargados de colaborar en esta importante tarea de descubrir y comprender el gran mundo desconocido que es el océano.


 Voy concluyendo, pero antes me gustaría señalar que la procesión del Cristo de la Victoria es más que un acto religioso. Es una manifestación del orgullo de una ciudad que lucha por mantener sus tradiciones, su unión y su identidad a lo largo de los tiempos. En el mundo científico es imprescindible el trabajo multidisciplinar, integrador y colaborativo. La procesión del Cristo integra lo mejor de nuestra sociedad y engloba los poderes públicos, el fervor religioso y el orgullo de pertenecer a la ciudad de Vigo. 
Y termino mis palabras deseando a todos ustedes, viguesas y vigueses y visitantes que nos honran con su presencia, una muy feliz celebración de este día del Cristo de la Victoria. 


Mª VICTORIA BESADA MONTENEGRO

Directora del Instituto oceanográfico de Vigo,  autora del Pregón, leído ayer en Castrelos.

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