Fermín Bocos
Marruecos acelera, Melilla se asfixia
Iberia y otras compañías aéreas han suspendido los vuelos hacia Venezuela. El aviso de una agencia norteamericana respecto de la “actividad militar en aumento” en el espacio aéreo de aquel país y la más reciente declaración como terroristas de Maduro y sus colaboradores, cierra un poco más la tenaza sobre la república bolivariana.
Hace unos días veía las imágenes de Gabriel García Márquez, años antes de recibir el Nobel de Literatura, donde enfatizaba que, de los cárteles y organizaciones dedicadas al narcotráfico en América latina, se sabía todo o casi todo. Se conocía el nombre de sus jefes, el número de sicarios, el lugar donde se cultiva y alija la droga, la ubicación de los laboratorios; los nombres de los políticos, policías, militares y jueces que encubrían todo este entramado delictivo pero, añadía Gabo, nada se sabía de las eficacísimas redes que, en el norte, hacían llegar puntualmente su dosis a 30 millones de consumidores para, a continuación, proceder al lavado y reciclaje de la montaña de dólares obtenida.
En Estados Unidos, alrededor de 60.000 muertes al año son resultado de sobredosis. El fentanilo, un opiáceo introducido por el propio sistema de salud norteamericano, ha acelerado el incremento de adicciones y de fallecimientos asociados a su consumo. La drogadicción causa ya, en aquel país, más muertes anuales que la suma de las ocasionadas por accidentes de tráfico y las armas o la de norteamericanos caídos en diez años de guerra en Vietnam. En consecuencia, la esperanza de vida se ha reducido desde 2017. La alarma ha cundido en la sociedad y Trump ha hecho de la retórica en la lucha contra las drogas, uno de los pilares de su amenazante política exterior. Mientras el presidente, sin cobertura judicial, hace volar por los aires unas supuestas narcolanchas y asesinar a casi un centenar de sus tripulantes, el gobierno y la sociedad venezolana ven en el despliegue militar del gigante del norte, una demostración de fuerza que trasciende la lucha contra el narco. Lo ve hasta la oposición política, liderada por María Corina Machado, reciente Nobel de la Paz, que anuncia que el país se encuentra “en el umbral de una nueva era”, cantinela que recuerda a la oída en Gaza.
Venezuela casi dobla la superficie territorial de España y cuenta con apenas 28 millones de habitantes. En la actualidad viven allí 140.000 españoles, de los cuales 40.000 son gallegos, cantidad equivalente a la de venezolanos residentes en Galicia. La CELAC, la UE y España callan ante la amenaza que planea sobre la soberanía de la república bolivariana; hay ya demasiada polarización acumulada y demasiados choques en el período disruptivo abierto por Trump. El Derecho Internacional es papel mojado cuando nadie es capaz de defenderlo.
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