Manuel Orío
La línea que no se cruza
Alguien me contó un día que los jueces se plantaron cuando vieron que las cosas se estaban poniendo difíciles y si el colectivo no tomaba sus medidas corría peligro cierto de ser simplemente devorado por el poder político. La reacción de un partido en el poder al que le estaban apareciendo de un día para otro trazas evidentes de su mal gobierno, comenzó a sembrar seria preocupación en las filas de la judicatura que se planteó defenderse o morir sepultada por una corriente generada por el Gobierno capaz de poner en duda la honestidad de los magistrados, sospechar de sus actuaciones y tratar de influir radicalmente en las decisiones que afectaban cada vez más insistentemente a las sus afiliados y simpatizantes. La estrategia del partido gobernante se puso en marcha coincidiendo con la ridícula carta escrita por Sánchez a su esposa expresándole su amor incondicional en el tiempo en el que el presidente resolvió retirarse para castigar al pueblo sin su divina presencia. La maquinaria se puso en marcha al tiempo que Sánchez volvía a la Moncloa porque había comprendido que el país no podría emprender sin él el camino del progreso. Seguía idolatrando a su esposa y seguía siendo presidente aunque en las sentinas de la organización comenzaran a crearse personajes en blanco y negro como la fontanera Leire que fue despertada de su letargo por Santos Cerdán para que cumpliera el cometido para el que había sido creada. Para desgracia de esta cuadrilla de bandoleros, Aldama cantó a cambio de beneficios penitenciarios y todo se fue a la mierda.
La receptora de la carta de amor incondicional e inflamado del presidente Sánchez es hoy objetivo principal del haz de luces que inundan el escenario, el llamado Super Trouper que tanto inspiró a ABBA. Se trata naturalmente de Begoña Gómez, a la que el magistrado José Luis Peinado abrirán juicio oral, retirará el pasaporte y obligara a su comparecencia cada quince días para evitar que se dé a la fuga. Se trata de una medida de notable importancia que trasluce no solo la intención de expresar la fortaleza de una institución que no admite ser zarandeada, sino la advertencia implícita de que la Justicia es igual para todos. Es duro de aceptar pero muy saludable para la democracia del país.
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