La línea del Miño

Publicado: 14 oct 2025 - 03:15

Aprecio en lo que valen el ímpetu, la constancia y la visión de Abel Caballero como alcalde de Vigo y reconozco la fecunda identificación del viejo profesor de Economía con su ciudad de adopción. Una entrega correspondida. Las dificultades para lograrlo no fueron pocas, relevantes los problemas suscitados e infinitos el trabajo, ilusión e imaginación que Caballero ha dedicado para hacer realidad una misión convertida en tarea colectiva de identidad local, de orgullo de pertenencia.

En el abultado haber de Caballero figura, y no en último lugar, su batallar por acercar la alta velocidad ferroviaria a la estación término viguesa. Una planificación miope marginaba a la ciudad en el trazado del AVE y, en consecuencia, lastraba su carta de medios de transporte. La propuesta de una variante por Cerdedo, todavía en estudio, se percibe como un parche que no acaba de convencer ni al potencial usuario ni al administrador de la infraestructura, el ADIF. Mientras tanto, Caballero presiona y logra eliminar paradas intermedias en zonas poco pobladas del actual trazado. Soslaya las protestas de los afectados satisfecho con los minutos arañados en el desplazamiento entre Vigo y Madrid y viceversa. Un ahorro que beneficia de igual manera a los viajeros que parten o llegan a Ourense capital, aunque en la ciudad de las Burgas nadie parezca darse por enterado.

Caballero sondea ahora las posibilidades que ofrece la línea del Miño. El ADIF renueva su interés en invertir en la infraestructura, modernizando catenaria y vía férrea. Con cantidades económicas manejables y en tiempos cortos, muy del gusto de los políticos, el precioso trazado, paralelo al río petrucial, permitiría acortar de manera drástica los tiempos entre Ourense y Vigo. El alcalde ha hablado de velocidades medias de 150 km/h, pero es lógico que tanto los usuarios, como los intereses sociales, económicos y políticos presionaran para lograr la media hora de viaje entre ambas plazas. Ese es el tiempo del AVE entre Ourense y Compostela; el mismo que entre Compostela y A Coruña. Treinta minutos es el espacio temporal que permite el gran salto cualitativo en la movilidad, en la conexión entre territorios y es la garantía de la rentabilidad de la infraestructura.

En conformar esta iniciativa, Abel Caballero no debería viajar solo. La política municipal de la capital ourensana tiene una oportunidad de reformular su deriva irrelevante; la Xunta debe ejercer su competencia sobre la articulación del territorio y los medios de transporte precisos. El eje Ourense-Vigo es un ámbito social y económico consolidado a lo largo de la historia y que no ha dejado de desarrollarse, si bien, demasiado escorado en favor del litoral. Un tren competitivo ayudaría a reequilibrar y dinamizar este corredor natural.

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