La mano en el fuego

Publicado: 27 nov 2024 - 03:37

Los políticos no aprenden de experiencias anteriores ni a tiros y por eso siguen poniendo “la mano en el fuego” por aquellos colaboradores suyos o afines, a los que comienzan a flaquearles las piernas y la alargada sombra de la duda les concierne. La expresión “poner la mano en el fuego” tiene un pasado cavernoso y se supone se inspira en aquellos condenados por la Inquisición que eran obligados a empuñar metales incandescentes mientras seguían sosteniendo la versión que los pavorosos tribunales eclesiásticos solicitaban respecto a la fortaleza inquebrantable de su fe. Apelar hoy a este tipo de expresión constituye una frivolidad imperdonable y es además una majadería no solo por el lúgubre carácter del la expresión sino, y más que nada, por cómo suelen terminar los hechos. La historia de la política nacional está llena de personajes que han puesto la mano en el fuego por sus amigotes y se han quemado hasta el codo, situaciones que superan con generosidad el ridículo y pasan una factura dramática y si no, que se lo cuenten a estas alturas a Felipe González cuando puso la mano en el fuego por su cúpula de Interior y acabaron todos en el cárcel menos él que se escapó de milagro, aunque aquello le costó la desventura política mientras jugaba al corro de la patata en la puerta del penal de Guadalajara aquel 10 de septiembre de 1998 despidiendo a Vera y Barrionuevo condenados a diez años por su participación en la guerra sucia contra ETA.

Hoy Montero ha puesto la mano en el fuego por su jefe de Gabinete y también lo ha hecho el nuevo ministro de Transformación Digital, Óscar López, por el suyo, todos ellos aireando la ilimitada confianza que tienen en gente, todos ellos echándole la culpa al contrario y acreditando que ninguno se ha repasado la historia del país para aprender que lo de poner la mano en el fuego es un acto de valor encomiable pero también un desafío a la prudencia, y una actuación que tiene su precio porque la experiencia confirma que el que pone la mano en el fuego en el proceloso mundo de la política va y se quema.

Falta por saber cómo va a evolucionar el conflicto nuestro de cada día que hoy protagoniza Juan Lobato (llamado repetidamente Antonio en varios noticieros de televisión) en el que se advierte la sombra de la desconfianza manifiesta. Este, en vez de la mano en el fuego, se va al notario no vaya a ser….

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