José Teo Andrés
Solo un aprobado justo en Peinador
Las cartas están echadas sobre la mesa y ahora toca saber a qué carta nos quedamos, la del truhán o la del señor, después de saber que la Fiscalía de la Audiencia Nacional ha abierto un proceso indagatorio con muchas posibilidades de acabar en uno de sus juzgados.
Un relato de hechos firmado por cinco periodistas y la consabida denuncia de dos mujeres, que en su día prestaron servicios domésticos en domicilios de Julio Iglesias (Rª Dominicana, Bahamas y España), retrata un abominable comportamiento del cantante (Madrid, 1943), con detalles explícitos sobre agresiones sexuales, violencia física y trato vejatorio supuestamente perpetrados a lo largo del año 2021.
Más allá de la mayor o menor afición del personaje al sexo recreativo, de lo que más de una vez ha presumido el cantante gallego, lo insoportable del caso, tal y como lo cuentan estas dos mujeres, sería el presunto abuso de poder en las relaciones humanas. Eso aparece como conducta reiterada en los detalles difundidos tras una larga investigación periodística.
La han llevado a cabo conjuntamente el digital español "eldiario.es" y la cadena norteamericana "Univision Noticias". Un plus de credibilidad a un relato cargado de documentos, videos, fotografías y otros elementos eventualmente probatorios en sede judicial. Pero ese plus de credibilidad, amén del encomiable trabajo periodístico de dos medios fiables, lo aportaría, si realmente es así, que las dos ex empleadas de Iglesias, nominadas en la investigación como Laura y Rebeca, no encajaran en el perfil de la denunciante oportunista que busca fama o dinero a costa de una celebridad.
Dicho sea con todas las salvedades que vienen al caso sobre el principio de presunción de inocencia, que es una categoría judicial compatible con el derecho a expresar una opinión personal a la vista de los elementos puestos sobre la mesa por una investigación periodística y una rápida actuación de la Fiscalía que, evidentemente, ha visto consistentes los elementos que apuntan a los supuestos delictivos (agresión sexual y sus variantes) contemplados en el Código Penal.
A partir de aquí no queda otro remedio que pronunciarse sobre si los apremios hormonales de un machote deben funcionar en la esfera pública como un atenuante, o incluso como un eximente, si el machote es una celebridad deportiva, científica, literaria, musical, etc. Servidor dice que no, sin perjuicio de reconocer los méritos del personaje en el desempeño de su talento, como ya ocurriese en casos precedentes como el de Gerard Depàrdieu o el de Plácido Domingo. Pero eso no les convierte en especies protegidas respecto al principio de igualdad ante la ley. Y todos estamos igualmente expuestos al juicio moral de otros. Y aquí me sale al paso la reacción de la presidenta madrileña, Díaz Ayuso, al anunciar su propósito de no contribuir de ninguna manera a desprestigiar "al más universal de nuestros cantantes".
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