Antonio Casado
Artificiales y previsibles
Hace años, muchos años, sus declaraciones habrían supuesto un cataclismo, y sin embargo ahora se dan por amortizadas. Probablemente ni sirvan de elemento diferencial para la campaña electoral del PP, porque lo que hará es el mal menor y se daba por descontado. Incluso si José María Aznar dijera lo mismo pasaría igual, la capacidad de ambos para influir en el voto de los ciudadanos se encuentra en horas bajas. El jarrón chino por excelencia de este país, el expresidente del Gobierno, Felipe González, acaba de afirmar, después de haber sido secretario general del PSOE, que no piensa votar por su partido, el suyo, sino que lo hará en blanco. En Ferraz no habrán torcido ni el gesto porque se sabe qué desde hace años, y sobre todo desde que Sánchez dirige el partido, que González está en las antípodas y que por sus expresiones y actitudes más cerca del PP que del PSOE, que se dice más socialista que socialdemócrata como era él. Más que arrastrar a la abstención, al voto en blanco o al nulo, la decisión de Felipe González puede sacar a algún abstencionista del letargo para compensar ese voto perdido.
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