El indigno precio del poder

Publicado: 26 mar 2026 - 03:16
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El verdadero peligro no es obligar a las personas a creer una mentira. El verdadero peligro es lograr que renuncien por completo a la idea misma de la verdad". Lo escribió hace muchos años Hannah Arendt y sigue siendo una reflexión absolutamente actual. Nos mienten y nos lo creemos. Pero es mucho peor la voluntad personal y colectiva de renunciar a conocer la verdad, de permitir que nos mientan y que no reaccionemos.

¿Se imaginan ustedes lo que pasaría, cómo reaccionaríamos, independientemente de nuestra ideología, si mañana el Gobierno nacional o el autonómico con las competencias de prisiones transferidas tomaran la decisión de poner en libertad a asesinos violentos de mujeres y niños o a pederastas condenados a decenas de años de cárcel, sin haber cumplido ni la mitad de su condena, sin haberse arrepentido, sin haber pedido perdón a sus víctimas y sin haber mantenido un comportamiento ejemplar en la prisión? ¿Que se les permitiera salir de la cárcel de lunes a viernes para trabajar, además de gozar de otros privilegios en la cárcel sin ni siquiera escuchar a sus víctimas?

La ola de protestas y de indignación sería imparable. Pues eso es lo que está haciendo el Gobierno vasco del PNV y del Partido Socialista de Euskadi -la consejera de Justicia pertenece a este partido- con los más sanguinarios presos de ETA, que ya gozan de semilibertad. "Gadafi", Parot, "Txeroki", "Anboto" y otros muchos jefes y etarras sanguinarios, Ainhoa Mújica, Juan Ramón Carasatorre, responsables de ordenar y cometer decenas de asesinatos y con condenas de muchos años de prisión, ya salen a la calle de lunes a viernes y sólo tienen que volver a la cárcel-hotel a dormir por la noche. A algunos, además, se les ha acortado la orden de alejamiento de sus víctimas y todos ellos se pasean con libertad por los mismos lugares donde cometieron esos asesinatos. Y todo ello gracias a la aplicación torticera del artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario. Como no cumplen los requisitos para que se les aplique el tercer grado, se hace por este coladero, a plena luz del día, de forma alevosa, sin comunicación a las víctimas, sin posibilidad de recurrir a la justicia.

Ninguno de ellos ha mostrado arrepentimiento, ninguno ha pedido perdón a sus víctimas, casi todas asesinadas por la espalda, ninguna víctima ha sido escuchada. Todas han sido, son, humilladas de nuevo. Todo a cambio de los votos de Bildu para mantener a Pedro Sánchez en el poder. En el Congreso de los Diputados se sienta, entre otros herederos de la banda, la responsable de un diario al servicio de ETA, que indicaba a la banda terrorista quiénes debían ser sus víctimas. Un medio que cuando Ortega Lara, funcionario de prisiones, fue liberado después de un salvaje cautiverio de 532 días en un zulo, tituló: "Ortega Lara vuelve a la cárcel".

Todo a cambio de que en el País Vasco los jóvenes no sepan lo que hizo ETA durante décadas porque no está en ningún libro de texto. Franco, sí; ETA, no. Sin que se haya pedido perdón a los cientos de miles de vascos que tuvieron que abandonar su tierra por las amenazas de ETA, amenazas que se convertían en muerte si la víctima no pagaba el "impuesto revolucionario" a los asesinos. Dinero que se empleaba en cometer nuevos asesinatos, trescientos de los cuales aún no se han podido esclarecer por la falta de colaboración de los asesinos y sus cómplices.

Hoy los herederos de ETA gobiernan en Pamplona, son decisivos en Madrid y están a las puertas de hacerse con el poder en el País Vasco. Si es preciso, con el apoyo del PSOE a cambio de su fidelidad en Madrid. Los que están en el centro de las preocupaciones de quienes gobiernan Madrid y el País Vasco no son las víctimas. Son los asesinos etarras.

Como decía Hannah Arendt han renunciado por completo a la idea misma de la verdad. Pero no sólo los que gobiernan. Lo peligroso es que esa sociedad vasca que miraba para otro lado cuando ETA asesinaba indiscriminadamente, ahora siguen mirando hacia el mismo lugar. Sin arrepentimiento y sin propósito de la enmienda. Si a ellos les va bien, la verdad no importa mucho.

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