Manuel Orío
Dos iguales
Dos de las grandes estrellas de la comunicación de este país, Angels Barceló y Carlos Alsina, han decidido casi al mismo tiempo dar un paso atrás y dejar el peso y el mando de sus respectivos espacios radiofónicos en dos emisoras nacionales que se disputan el solomillo del mercado de las ondas. Son periodistas que juegan en las ligas mayores, no como muchos otros –entre los que me incluyo- que hubimos de conformarnos con cumplir modestamente con nuestra obligación, contar las cosas que pasan sin aditivos ni colorantes, y hacerlo además en condición casi anónima. Para los que hemos dedicado casi toda nuestra vida laboral a hacer periódicos, esta situación es común y plenamente aceptada e incluso agradecida. Para los que se mueven en los terrenos del sonido y la imagen las cosas son quizá más amables. Llevó casi cincuenta años escribiendo esta modesta columna y la mayor parte de los días no pasa con ella absolutamente nada. Basta que salga una vez en la tele para que la gente me pare por la calle.
Según me cuentan mis adorados colegas herederos naturales de los polemistas de las gradas de San Felipe Neri, el lugar de Madrid desde donde en el Siglo de Oro partían las noticias que luego se difundían al resto de los territorios, las razones que han empujado a cada uno de ellos para tirar la toalla son distintas pero no dejan de tener una misma raíz resuelta por cada uno de distinta forma. Barceló se negó en rotundo a acatar las órdenes de la propiedad de la SER que la empujaba a ser más abierta en las opiniones, más permeable y menos alineada con el poder, a la vista de que mucho oyente estaba abandonando la cadena por considerarla sectaria y el señorito que manda, un discreto pero poderoso personaje llamado Joseph Oughourlian, francés de nacimiento con ascendencia libanesa y armenia, está muy preocupado ante estas muestras y la amenaza de perder audiencia. Barceló se ha negado y ha preferido marcharse. Feliz ella.
Alsina simplemente se ha cansado de soportar el peso diario de una etiqueta política impuesta por ajenos y que no desea aceptar. Está harto de que lo tilden de conservador cuando no de cosas peores y le deja a Rafa Latorre la brega diaria. Dos caras de una misma moneda.
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