Charo Zarzalejos
¡¡¡Quién lo iba a decir!!!
Quién lo iba a decir!!!. Quién iba a decir que las elecciones de Castilla y León fueran a dar tanto de sí. La campaña ha tenido muy escaso eco a nivel nacional y las sucesivas encuestas las daban prácticamente por hechas, pero lo cierto es que han sido unos comicios que han levantado algunas espitas quizás inesperadas.
El triunfo del PP ha sido incontestable. Por una vez, los populares se cuidaron mucho de vender expectativas que suelen ser el peor enemigo de cualquier partido. En esta ocasión ni expectativas, ni excentricidades ni finales sorpresivos. Podría decirse que han protagonizado una campaña, para muchos, hasta aburrida pero con elementos clarificadores: mejor Gobierno en solitario y nada de pactar con el candidato socialista.
El PSOE, gracias en gran parte al tirón de su candidato en Soria y su escaso entusiasmo por el sanchismo pudo tener una noche muy distinta a la de sus compañeros de Extremadura y Aragon. Una conclusión clara es que, más allá de pactos, el bipartidismo ha salido reforzado.
Las espitas se han abierto entre los actores secundarios como son los partidos a la izquierda del PSOE, es decir, la extrema izquierda, y el no logro de las expectativas de la derecha de la derecha, es decir, de la extrema derecha.
Ambos extremos están viviendo jornadas difíciles. La extrema izquierda en sus distintas versiones ha salido laminada y la respuesta es que a la reflexión iniciada hace ya alguna semana le sigue otra reflexión que a día de hoy ni ellos mismos saben a qué conclusiones finales pueden llegar, además, claro está, que da la impresión de que nadie conocido quiere hacerse cargo de un liderazgo que no sabe que tiene y a quiene tiene que liderar.
Mientras reflexionan y siguen reflexionando, Pedro Sánchez es el único líder reconocible de la izquierda española. Les ha fagocitado y no es de extrañar. Unos encaramados a reflexiones que nunca acaban y otros, como Podemos sacando cabeza proponiendo lo imposible como es la salida de la OTAN y otras propuestas fuera de toda realidad, la izquierda más o menos extrema ha encontrado en el secretario general del PSOE la opción más interesante. Es sorprendente que con los resultados en la mano unos y otros no tengan la humildad suficiente como para concluir que, quizás, solo quizás, sus propuestas están alejadas de las preocupaciones y anhelos de quienes pretenden atraer.
Con todo, la espita más sorprendente es la abierta en Vox. El descontento era previo, pero tras los comicios de Castilla y León lo que se ha abierto es la caja de los truenos con acusaciones tan serias como las referidas por Garcia Gallardo en relación a las finanzas internas que afectarían a Abascal y a su mujer.
Los dirigentes de Vox, que son tres más los externos, han recibido la marejada con indiferencia e incluso desprecio. Pura soberbia, puro cesarismo y, por tanto, nulo sentido democrático interno. Si se creen estos dirigentes que esta situación no les pasa factura bien equivocadlos están. Lo curioso es que la crisis surge no cuando llega la derrota, que aún no les ha llegado, sino cuando están en posición de condicionar gobiernos, en este caso el PP que debe actuar con ojo avizor. La actitud de los dirigentes es lo que aconseja. Cuidado.
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