Fermín Bocos
'Derogar el sanchismo'
Vuelve a situarse en primer plano la controversia sobre Hernán Cortés y México, o sea, de la Nueva España, sobre todo por el empeño de la presidenta de este país Claudia Sheinbaum, de origen lituano, en mostrar una obsesión con la revisión de la historia del país al que emigró su padre, del que se ha convertido en reponedora crítica, como si ella misma fuera descendiente directa de los totonacas, los zapotecas o los mexicas. Adoba su notable antiespañolismo, como cuando el otro día se evocó la tiranía del conquistador español. Y sorprende que no recuerde los sacrificios humanos de los aztecas, su antropofagia o que practicaran el arrancar vivos los corazones de los niños de los otros pueblos sometidos para ofrecerlos a sus dioses. Claro que nada sorprende, cuando su antecesor, el descendiente de emigrantes santanderinos, López Obrador, llegó a afirmar que lo de los terribles sacrificios humanos fue un invento y que no hubo tal. Tampoco apunta la construcción de una de las primeras universidades de América, los hospitales y las ciudades fundadas por España que son patrimonio de la Humanidad. Y el innegable origen de la propia sociedad mexicana actual.
A la señora Sheinbaum le vendría bien un repaso (antes de hablar de ignorancia) a los propios historiadores mexicanos, pasados y presentes, que han centrado con rigor la propia historia de México y el modo en que se construyó una nación sobre la base del mestizaje. José de Vasconcellos creó el concepto de raza cósmica. resalta el componente hispano de la identidad mexicana y la fusión de culturas. Otros historiadores y filósofos, por encima de los tópicos, como Lucas Alamán, Carlos Pereyra (diplomático e historiador, autor del libro “La obra de España en América”), José Manuel Villapando (autoridad sobre el periodo virreinal) y más recientemente Juan Miguel Zunzunegui, destacado hispanista, quien alaba un proceso de integración, que fundó universidades, hospitales y ciudades patrimonio de la Humanidad y generó el México moderno.
Otros historiadores han considerado que es demasiado simple central el debate en la mera crítica o ensalzamiento de la figura de Hernán Cortés, como viene ocurriendo estos días. Y no ya por la controversia del viaje de la presidenta de la comunidad de Madrid a México, el homenaje o el repudio a Cortés. Contemplan el fenómeno del virreinato desde una perspectiva más ambiciosas, desde las Leyes de Indias o las disposiciones de Carlos I poniendo orden en los excesos de Cortés. Y destacan el fenómeno del agrupamiento de los pueblos sometidos por los aztecas en torno al conquistador español, decisivos en sus victorias y la voluntad estos de liberarse de la otra esclavitud a la que estaban sometidos. No hace mucho, un dirigente mestizo comentaba que agradecía a los españoles que evitaran que los mexicas se comieran a sus antepasados. Lo cierto es que López Obrador y ahora su sucesora fundamentan su propio discurso político en una revisión de la historia que venga a negar lo que se ha considerado la esencia de la fusión de culturas o los valores del mestizaje como pilar esencial de México.
Este debate estoy hoy presente en México desde dos posiciones antagónicas. Para unos, Cortés representa la sociedad surgida del mestizaje, base de la nación actual; para otros, fue el inicio de la destrucción de las culturas prehispánicas y el sometimiento. Pero la señora Sheinbaum no tiene en cuenta que la Corona de España nunca dejó de estar atenta a corregir los excesos de sus representantes, como lo prueba la Real Cédula, fechada en Valladolid el 16 de mayo de 1548, para corregir abusos y excesos cometidos con los nativos que contravenían las Leyes de Indias. No era pues España la que cometía injusticias, sino personas concretas, sino que la Corona activaba los mecanismos para corregirlas.
O sea, que el asunto va más allá de la, para algunos, simpleza, de exhumar la controversia sobre Hernán Cortés y su tiempo. En ese sentido, para no pocos críticos la hostilidad de López Obrador y ahora Sheinbaum no deja de ser un recurso para el consumo interno, para distraer la atención de otras más serias cuestiones que deberían requerir toda la atención en su país. Todo esto tiene como fondo al Leyenda Negra que, como destaca el historiador Marcelo Gullo, fue una gran operación de marketing político contra España divulgada sobre todo por Holanda y el Reino Unido para desprestigiar al país que no lograron vencer de otro modo. Y ahora, se juzgan los hechos del siglo XVI fuera de su contexto con un “presentismo” que, por cierto, ampara el Gobierno de Sánchez y sus diversos consocios.
Contenido patrocinado
También te puede interesar