Fermín Bocos
Marruecos acelera, Melilla se asfixia
Las aún titubeantes noticias que señalan la organización de safaris humanos durante la guerra de Bosnia de 1992, nos aproximan con extremada crudeza al culmen del horror más despiadado y salvaje protagonizado por seres humanos. Un horror de corbata y cuello duro, por el que grupos de millonarios procedentes de buen número de países europeos de alta cualificación pagaban cien mil euros por pasar un fin de semana en el frente del conflicto convertidos en francotiradores, cazando ciudadanos civiles en las calles asoladas por aquel enfrentamiento en un país dividido por una situación ancestral y artificialmente recosida por la mano dura del mariscal Tito que, a su fallecimiento, desenterró todo el odio larvado de años y años de convivencia forzada.
Según las denuncias de un periodista italiano que ha seguido el curso de esta posible y estremecedora aberración, personas de condición social y económica notable procedentes de su país pero también de Francia, Alemania, Bélgica, Reino Unido y España entre otras nacionalidades, pagaban un dineral por ser llevados a zonas de batalla donde se les otorgaba un puesto y se les hacía entrega de un arma para que se dedicaran a matar civiles. La información, muy inestable todavía, añade que para matar niños había que pagar un generoso suplemento sobre el precio previamente estipulado.
Los primeros compases de este episodio que pone los pelos de punta, desata la duda e impele a profundizar sobre la compleja condición del carácter del ser humano capaz de los actos más heroicos y bondadosos y las más despiadadas atrocidades. Pero lo que realmente inquieta es la tibieza e insensibilidad con el que la opinión pública de los países de los que supuestamente proceden estos asesinos de guante blanco que pagan por matar y si las dianas son niños, pagan más porque más disfrutan, han reaccionado ante los primeros ecos de este supuesto aberrante. En ninguno de estos países se han alzado voces para exigir a sus gobiernos que procedan de inmediato a una investigación que desentrañe el hecho y si procede, identifique a los implicados, los meta en la cárcel y tire la llave de las celdas al mar. Ya nada nos conmueve.
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