Fermín Bocos
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Detrás de una figura popular hay, según percibimos desde hace tiempo, un peluquero. Uno de los que en la edad mágica le cortó el pelo a los Beatles escribió un documentado libro en el que cuenta los secretos más intrincados del corte de pelo más famoso de la música pop del siglo XX. Y seguramente, el peluquero de Napoleón se habría hecho millonario relatando para los programas de famoseo cómo encontró la fórmula que le permitió modelar la cabeza del Emperador otorgándole perfil patricio que marcó tendencia.
Ahora le ha tocado el turno al esteta capilar de Félix Bolaños, el todopoderoso ministro que también lo es de Justicia aunque no se note, que ha colgado un vídeo en el que nos presenta a su consejero en materia capilar introduciéndolo en el mercado y colocando de paso al estilo y al esteta en el mercado. El artista de la cabellera es Carlos Castellano, que ha dado con la clave, sometiendo a su cliente a un tratamiento que maneja un abanico inteligente de conceptos y que ha conseguido que el tratamiento de la cabeza del este pilar del Gobierno luzca informal pero no hasta el punto de resultar burlesco, tenga un toque agresivo sin resultar violento, coquetee con la modernidad sin pasarse, y apunte un acento juvenil y ligeramente iconoclasta sin escándalo, muy en sintonía con este nuevo PSOE de diseño al que Bolaños pertenece y que es todo fachada, estampita e impostura con una irrefrenable tendencia a olvidarse de lo que es trascendente, y estar solo pendientes de la imagen externa.
Dicen los críticos -o bien las tres ultraderechas o la máquina del fango vaya usted a saber- que Bolaños parece como si llevara sobre el cráneo un gato al que lo han pelado a medias. La máquina del fango no se para ante nada e incluso utiliza la cabeza de Bolaños para tratar de socavar su prestigio aunque sea apelando a la cabeza. Pero cierto es que ya hace algo más de un año llegué a mi peluquería y les sugerí que me cortaran el pelo a lo Bolaños a ver qué pasaba. Me tomó por majareta y trataron de salir del paso afilando un pelín el estilo tradicional y peinando mis indomables greñas blancas con un poco más de audacia. Hasta ahí llegó.
Bolaños podría pelarse al cero, hacerse la permanente o teñirse de verde con tal de que hiciera las cosas bien. Pero ni es prudente ni es un ministro bueno. Por eso debe ser lo de tomar partido por el pelo.
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