Los homenajes a los etarras con total impunidad

Publicado: 13 abr 2026 - 04:00
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Los homenajes a terroristas de ETA que se vienen sucediendo como acontecimientos populares, con total impunidad, al exaltar a los asesinos como héroes populares del pueblo, evoca bastante a ese delito de odio que tanto preocupa a Pedro Sánchez, tal y como denuncian las asociaciones de víctimas. En tanto la sociedad española asiste insólita a la progresiva puesta en libertad de los sucesivos dirigentes de la banda terrorista, sobre los que pesan condenas incumplidas de cientos años de cárcel, ni siquiera en cuanto a la parte mínima de la misma. Pero ya sabemos que eso forma parte del lote entre Pedro Sánchez y Otegi, como este mismo resalta como condición sine qua non para mantener el apoyo que precisa para seguir en la Moncloa.

Pero todo esto deviene a de un hecho mayor, la propia Ley de Memoria Democrática que, al menos, hasta 1983, en tanto la banda seguía asesinando, que ha convertido a los pistoleros de ETA en “víctimas indemnizables” como consecuencia de la persecución sufrida. Conviene recordar que, aparte de Stanley Payne, otros muchos historiadores solventes han criticado el maximalismo de las leyes de Memoria Histórica y Democrática, su parcialidad y falta de rigor al describir de modo simplista la realidad de la II República, que el propio Ortega criticara cuando dijo “No es esto” y sus posteriores consecuencias en la guerra civil.

Pedro Carlos González Cuevas, Profesor de Historia dice “No es aceptable hacer pasar la propaganda de uno de los bandos de la Guerra Civil como la versión oficial y obligatoria de nuestro pasado más reciente, y pretender que la causa que defendieron todas las organizaciones que formaron parte de él es idéntica a los principios y valores que inspiraron la Transición a la democracia y la Constitución de 1978. El franquismo no puede servir de pretexto para instituir con los recursos del Estado una mentira oficial: la existencia de una intachable adhesión a la democracia liberal, constitucional y representativa, a lo largo del siglo XX, de organizaciones como el PSOE, el PCE, la UGT o la CNT y los distintos partidos nacionalistas, y reducir nuestra tragedia de 1936 a 1939 a una lucha entre “demócratas” y “fascistas”. Hoy vigente en la sociedad española.

Para Luis E. Togores, catedrático de Historia Contemporánea, la nueva memoria democrática “es una ley totalitaria que reprime la libertad en general con el insano propósito de crear una historia oficial, algo típico de los regímenes comunistas para justificar acciones políticas de ingeniería social del presente. Reprimir con multas y cárcel delitos de pensamiento para prohibir que gente libre pueda pensar lo que quiera, sentir admiración o simpatía por sucesos del pasado (que no pueden volver) es algo que en Occidente en el siglo XXI tendría que ser impensable. Esta represión es especialmente grave cuando permite acogotar la investigación y el análisis y estudios del pasado en el plano académico”.

Los historiadores críticos señalan la paradoja de una ley que menciona la incompatibilidad de la democracia con la exaltación del alzamiento militar o el régimen dictatorial en un país donde los asesinos de ETA son homenajeados sin problemas. Y en estos días, como consecuencia del débito contraído por Sánchez con Bildu, asistimos al “lavado de cara de ETA”. El colmo de la reinterpretación de la historia conduce al absurdo de que primero el PNV, siempre Herri Batasuna, luego Sortu-Bildu y ahora hasta el Partido Socialista de Euskadi-PSOE, se comprende que en parte o totalmente la actividad terrorista de ETA se puede reinterpretar como una lucha radical contra el Estado de cosas que ahora, su representante político, o sea Bildu, como repetidamente dice Otegi que hay que destruir España, “pretende derribar de forma pacífica. Los de ETA ya no serían los malos, y sus víctimas algo de culpa tendrían al ser asesinados por ellos”.

Como el propio PNV interpretara en su momento, los etarras fueron considerados hijos descarriados de aquellos que lucharon contra el franquismo. “Estaban acertados en sus motivos, aunque no del todo en los métodos a partir de 1975, por lo que sus acciones son comprensibles, en cierta forma justas y perdonables. Los que hoy gobiernan se sienten más próximos a los verdugos que a las víctimas, ya que los asesinados en cierta forma se lo merecían por ser “fascistas o católicos” en 1936, o franquistas y opresores de la libertad durante el franquismo y la Transición”, expone Togores. De ahí la comprensible tolerancia de Pedro Sánchez y su partido.

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