Miguel Anxo Bastos Boubeta
O fim do império americano?
La progresiva modernización de las fuerzas armadas de Marruecos, especialmente en el ámbito naval, exige, según los expertos desde hace tiempo, que España disponga de una Armada bien dotada de medios adecuados para defender nuestras costas y los intereses españoles especialmente en el Mediterráneo y el Estrecho de Gibraltar, dada su importancia geoestratégica y económica. Francia y los Estados Unidos, especialmente este último, son los mercados decisivos que están aportando al reino alauita los modernos medios que éste demanda. En ese sentido, el país vecino desarrolla un programa para la adquisición de cuatro submarinos, como España. En estos momentos, de los dos submarinos que sobreviven en la Armada española, solamente uno está plenamente operativo y en servicio. Creada en 1915, nuestra Marina de Guerra llegó a contar en sus mejores tiempos con ocho submarinos que se fueron reduciendo poco a poco hasta los dos actuales, el “Tramontana” y el ”Galerna”, si bien sólo se cuenta plenamente operativo el primero.
La simbólica botadura del primero de los submarinos de la serie S-81, que lleva el nombre de “Isaac Peral”, de los que la Armada espera dotarse con cuatro unidades, aunque no estará plenamente con capacidad de operar hasta el 2023, pero es un paso de enorme importancia. Como es sabido, lo más original de esta nave será su propulsión, que es un barco enteramente de patente española, fabricado por Navantia, y que se espera que a partir del prototipo se puedan vender más unidades a terceros países.
Pero hasta llegar hasta aquí la historia del “Isaac Peral” fue una suma de errores de cálculo, sobrecostos y retrasos por la serie de reformas a que fue sometido el proyecto inicial: Hubo que alargar la eslora y replantear el peso de la nave que “sencillamente se hundía”. El costo final del sumergible no se sabe con certeza, pero se calcula que rebasará los mil millones de euros por cada unidad. El proyecto inicial ha tardado 17 años en desarrollarse. Cuando se aprobó, la Armada contaba con cuatro submarinos operativos, puestos en servicio entre los años 1983 y 1986. Estaba previsto que el “Isaac Peral” fuera entregado a la Armada en 2011, y eso no va a ocurrir hasta 2023.
Un año después de la fecha prevista para su entrega, o sea, en 2012, como en una película de los hermanos Marx, Navantia hacía pública una nota que revelaba algo increíble: el submarino se hundiría por sobrepeso. El astillero informó de que “se habían ha detectado algunas desviaciones relacionadas con el balance de pesos del submarino durante una revisión técnica". Al ampliar la eslora a 81 metros, apareció otro más: el submarino no cabía en el muelle de Cartagena. La inicial eslora de 71 metros, al pasar a los 80,81 finales, necesarios para que pudiera flotar el perder peso, topó con que el muelle cartagenero era de solo 78 metros. No cabía. Y aquí se produjo otra afirmación chusca de la actual ministra de Defensa Margarita Robles: Como la botadura del sumergible iba para largo, habría tiempo de ampliar el muelle, lo que obligó a sumar otros 16 millones de euros al proyecto para las obras. Resultado, que los 1.755 millones del proyecto inicial se convirtieron en 3.907, de momento.
Que el proyecto S-81 salga bien, aparte de vital para la Armada, tiene enormes repercusiones para el empleo y la industria naval española. Lo más original es su sistema AIP (Sistema de Propulsión Anaerobia). El secreto, según los expertos, radica en que el hidrógeno que lo impulsa se produce en mediante el procesado de bioetanol y oxígeno para generar energía eléctrica. El submarino puede permanecer sumergido hasta un mes, sin tener que subir a superficie a cargar las baterías, lo que en un submarino es una gran ventaja que lo hace muy operativo.
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