La hipocresía estructural de Sánchez y las elecciones

Publicado: 02 jun 2026 - 04:35
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La hipocresía estructural es la contradicción sistemática entre los valores que se proclaman y los discursos oficiales que promulga una institución o sociedad, y sus acciones o decisiones reales. Su gravedad reside en que no se trata de una mera mentira personal, sino que deviene en un mecanismo institucional desde un determinado órgano, pongamos la presidencia del Gobierno o la secretaría general de un partido. En suma, se adopta una doble moral porque el coste de parecer coherentes sería más alto que el beneficio de aparentarlo. Se manifiesta cuando se mantienen normativas o estructuras operativas que contradicen abiertamente los ideales que se defienden de cara a la galería. El asunto suena. Es un arriesgado mecanismo de defensa de situaciones condenadas al fracaso.

En estos momentos, amplísimos sectores de la sociedad española, incluidos partidos que sostienen al llamado Gobierno de mayoría progresista, como el PNV, Junts, o propios espacios del PSOE, por no referirse al mismísimo Felipe González (quien en Suresnes recuperó el viejo partido en declive y lo convirtió en una pieza esencial de la transición política) han insistido en que la situación actual que afecta al presidente Sánchez debería solucionarse devolviendo la voz a los españoles y convocar elecciones. Pero éste arguye que la estabilidad del país se vería perturbada por la consulta, y eludiendo otras explicaciones –que hasta sus consocios le exigen—quiere seguir adelante en precario, sin presupuestos, con una notable inestabilidad parlamentaria, y cercado por los casos judiciales de los que fueran sus hombres de confianza y referentes de su propio devenir. A su favor esgrime que la economía crece y que, por su posición personal, en determinados asuntos, España goza de buena imagen en el resto del mundo.

Y pese a que el circulo se va ensanchando y cada día depara una sorpresa, Sánchez elude afrontar la evidencia de quienes lo colocan ante sus propias proclamas de otro tiempo, tales como que en una situación como la presente se deben convocar elecciones, o aquello de que por sus principios nunca permitiría que la gobernación del Estado dependiera de los partidos independentistas. Pero ya se sabe, como dicen sus defensores, que es su cualidad destacada no sentirse concernido por sus propias palabras, sino por sus objetivos. ¿Hasta cuándo se va a prorrogar esta situación? Lo cierto es que, pese a todo, en sus comparecencias públicas se esfuerza en dar sensación de tranquilidad y anuncia que dará explicaciones en breve.

Y todo eso nos lleva al asunto de la hipocresía estructural. La hipocresía como concepto tiene su origen en el teatro griego, en el tiempo en que los actores se presentaban ocultos tras máscaras, representando historias de dioses y mortales sin revelar su verdadera identidad. Esta fórmula escénica se convirtió en símbolo de la desconexión entre el exterior visible y el interior oculto. En la política española este arte escénico lleva tiempo plenamente instalada. La palabra “hipocresía” se traduce como “actuar en el escenario o fingimiento”. Los estudiosos de este fenómeno, desde el punto de la psicología, la colocan es la esfera de la llamada “disociación cognitiva”, que sugiere que la hipocresía surge de un intento de reducir el conflicto interno entre lo que uno cree y lo que uno hace. Pero en el fondo, quienes usan esta técnica se engañan a si mismos. A ello se tiene que unir la capacidad para emplear el lenguaje disociativo; es decir, decir una formulación tal que la misma expresión se puede interpretarse en un sentido o el contrario. Como aquello de que mentir no es cambiar de opinión.

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