Rafael Torres
La eutanasia de Noelia
Dice un amigo mío y no le falta razón, que lo que va a salvar en última instancia a este país son sus jueces y por ese camino da la impresión de que vamos. No sé por qué, pero me da la impresión de que, en un momento muy delicado de la cuestión, los personajes más relevantes y significados de la judicatura se sentaron en algún sitio todos juntos y se convencieron unos a otros de que, olvidándose de sus pertenencias e inclinaciones ideológicas, o se ponían las pilas y se dedicaban expresamente a legitimarse ante el feroz ataque de los poderes políticos que los acosaban desde casi todas las esquinas del arco parlamentario, o se los iban a comer vivos. Y, seguramente urgidos por la sensación de vivir o morir y convencidos de que si no reaccionaban habían entregado su sacrosanta misión, dijeron hasta aquí hemos llegado.
Y es que, recuérdese, hubo situaciones de virulencia extrema y comportamientos inaceptables. Las bancadas de la izquierda dura y los independentistas llamándoles vendidos y fascistas en pleno Congreso, el ministro de Justicia ninguneando su trabajo y mofándose de sus procedimientos, el presidente del Gobierno negándose a prestar declaración ante un juez que se desplazó en última instancia y expresamente a la Moncloa para volver de vacío…
Hoy, y tras el terremoto que afecta al partido que gobierna y que afecta también y en igual manera a los familiares más directos del presidente del Gobierno y al fiscal general de Estado, la tarea de la magistratura vuelve ahora sus ojos hacia las actividades de uno de los ministros más poderosos de anteriores gobiernos desempeñados por el Partido Popular y pone la lupa en el comportamiento de su antiguo titular de Economía, el poderoso Cristóbal Montoro. Ayer se ponían en evidencia que la cúpula de la Agencia Tributaria mantenían permanentemente informado al ministerio que presidían Montoro de los comportamientos de varios contribuyentes de naturaleza sensible y popularidad destacada como Rafa Nadal, la baronesa Thyssen o la presidente entonces de la comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre como parte de un entramado de situaciones presuntamente irregulares que afectan al despacho profesional que el ex ministro había fundado, lo que indica que aquí y a partir de ahora, no se salva nadie que no lo merezca. Esa es la actitud.
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