Rafael Torres
La eutanasia de Noelia
Hacía varios años que no pasaba por la planta de Guixar, que tantos titulares dio hace ya décadas, y hoy resulta irreconocible. Por fuera, con la cubierta verde que ha sustituido a la azul donde todavía se podían ver las huellas de la guerra desatada a su alrededor en 1995, con balazos y restos de impactos. Y por dentro, porque ahora cuenta con mayor capacidad para gestionar los residuos de Vigo. Ayer incluso la instalación funcionaba por la mañana como centro de transferencia metropolitano, con camiones de otros ayuntamientos vecinos, como Redondela o Mos, que tuvieron que desplazarse hasta Guixar por los problemas en el transporte desde Porriño y otras plantas.
La “empacadora” que nunca lo fue se coronó en 1995 como el primer gran fake mucho antes de la llegada de las redes, que llevó a miles de personas a las calles convencidas de que iba a destruir el barrio con olores insoportables, lixiviados corroyendo las casas y miles de gaviotas y ratas colándose por los hogares. Todo era falso. Incluso tuvo una lectura política directa con la creación de una agrupación, Sí Teis, que fue efímera pese a su éxito/fracaso: cosechó miles de votos, pero se quedó a las puertas de entrar en la Corporación municipal. De haberlo logrado habría sido el inicio de la vuelta atrás de Vigo hacia confederación de aldeas en lugar de avanzar hacia una ciudad diversa pero unida y funcional. No pasó y ahí quedó todo. Hasta otra.
Muchas veces he escrito sobre Guixar, y sobre aquella guerra civil interna, afortunadamente ya muy lejos en el tiempo, que pudo haber destruido Vigo. No estuvo lejos. Desde entonces, solo el conflicto con el Puerto tuvo un cariz similar, en esa ocasión por fakes sobre el fin de la Ría lanzadas desde el gobierno local de entonces y amplificadas por el periódico de enfrente. El mismo que luego logró una medalla del Puerto. También así es la vida.
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