Ramón Pastrana
Apuesta
La tregua iniciada esta semana entre las partes en conflicto en la Guerra de Irán ha sido sin duda la mejor de las opciones que podía tomar Trump, y parece poner fin a un conflicto absurdo que se ha saldado sin conseguir ninguno de los objetivos declarados en el momento de iniciarse, pero que ha dañado mucho a la economía mundial, incluida la norteamericana. Trump parece que ha decidido dejar de acumular pérdidas políticas y muy sensatamente ha escogido, por el momento, la paz. Nada puede impedir que la guerra continúe, pero con este acuerdo se hace mucho más improbable, y dado que Trump parece haber encontrado una salida más o menos digna, no parece que vaya a tener la intención de retomarla. El régimen iraní también ha sido duramente castigado y todo apunta a que intentará llegar a acuerdos con su vecinos.
Pero aunque los objetivos de la guerra no se han logrado, no se debe olvidar que en este mes han cambiado muchas cosas ,no sólo en la región sino en el resto del mundo también. El primer cambio es precisamente que nada ha cambiado, y por lo tanto los países árabes del golfo siguen teniendo al régimen iraní enfrente, sólo que ahora sabiendo que puede dañarlos severamente y que los Estados Unidos no sólo no es capaz de defenderlos sino que los transforma en objetivo militar legítimo, al estar instaladas en ellos bases americanas. Es previsible entonces que las alianzas cambien y que vuelvan a aproximarse a Irán, y también que se acerquen a China, la gran ganadora de la guerra, que se presenta al mundo como una potencia pacífica y, sobre todo, previsible. Es previsible que Estados Unidos reduzca gradualmente su presencia en la zona, en primer lugar debido a que sus bases bases han sido seriamente dañadas y equipos muy costosos, como radares de última generación inutilizados, y segundo porque su presencia no sólo no ha significado un factor decisivo en la guerra, siendo el cierre de Ormuz el ejemplo más claro, sino que pueden haber sido precisamente una de las causas de la complicación de la guerra, al involucrar a otros países en el conflicto, algo que parecía no estar previsto. No parece ser una buena inversión en este momento apostar por su continuidad.
En el ámbito de la política interna norteamericana Trump no sale precisamente reforzado de la aventura militar. Las guerras refuerzan a los dirigentes de un país los conflictos están en curso y al final, sólo si gana de forma clara. No parece ser este el caso pues, aunque supongo que negociarán un alto el fuego que le ofrezca una salida digna al presidente americano, la resolución de conflicto no ofrece una imagen de potencia victoriosa que logra derrotar a su enemigo, sino la de un conflicto innecesario en en el que los Estados Unidos han revelado sus carencias como superpotencia. Su base electoral, el movimiento MAGA está también dividida, a causa precisamente de la guerra, pues Trump había prometido no involucrarse en ella. No le afecta mucho, pue sel no puede volver a presentarse, pero sin duda afectará a quienes aspiran a algún cargo en las próximas elecciones, y a los aspirantes que quieren sucederlo. Puede ser que Trump ya no sume como antes. Tal como es Trump no sería extraño que buscase algún chivo expiatorio en su administración, tipo Marco Rubio o el secretario de defensa Pete Hegseth que fueron los que más apoyaron la guera ,al que culpar o bien que busque alguna victoria como al de Venezuela, en este caso en Cuba, que todo apunta será el próximo objetivo. En Israel también habrá cambios, pero su análisis queda para otro artículo.
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