LA GUARRILLA PELIRROJA

Publicado: 12 ago 2013 - 08:00 Actualizado: 10 feb 2014 - 12:48

Permíteme director, que por un momento abandone el tenebroso mundo del hampa para escribir sobre los deslumbrantes atributos de nuestra paisana Cristina Castaño. La 'guarrilla pelirroja' de la serie televisiva 'La que se avecina', donde luce unas carnes rosadas y prietas que te hacen exclamar: ¡Galicia, calidade!

Yo no sé si es una buena actriz, pero a mí me tiene encandilado desde que la vi en 'Pratos Combinados', en la gallega. Si hubiera nacido en Hollywood ahora sería la indiscutible heredera de Norma Jean. Tiene la misma cadencia de caderas, su mirada ingenua y su susurrante voz.

Como ella, es una mujer explosiva que enciende pasiones y tiene las mismas cualidades para ser considerada 'La stradivarius del sexo' porque los poros de su cuerpo rebosan sensualidad como delicadas cuerdas de un exclusivo violín, con el que tal vez coincida en su modelada estructura, la perfección de sus curvaturas y porque para obtener una armónica melodía habría que acariciarla con esmerada sensibilidad. Me he tragado como un merluzo aletargado algunos repetidos episodios de la serie en que participa, esperando sólo que interviniera. Esta chica es que me 'pone'. Me pone el 'body' como aquellas locomotoras de antaño, a carbón, que expulsaban fuego y vapor hirviendo por los intersticios de su vieja maquinaria, siempre a punto de estallar para arrancar. Y es que este espécimen de mujer reúne las tres virtudes que, según mi sabia abuela, deben adornar a la candidata ideal: lozana, maciza y casta.

Sus enormes ojos traslucen procelosos océanos a través de los que arribar en la playa de sus ardientes labios y saciar en su jugosa boca toda la sed del árido desierto, haciendo tangible el oasis del onírico deseo sexual y recorrer en braille la escarpada orografía de su torneado cuerpo.

Una belleza que no responde al cruel estereotipo de la delgadez extrema, que ha conducido a tantas jóvenes a caer en la anorexia, obsesionadas con su imagen. Por el contrario, con una esplendorosa figura en la que no podría encontrar mejor representación este país. Su mirada electrizante, cuyos ojos parecen brillar en la noche como afilados cuchillos, sus andares felinos, que me recuerdan a la indómita pantera, uno de los animales más enigmáticos de la jungla y su intrigante sonrisa de Gioconda, me inquietan hasta la enajenación.

La imagino caprichosa y dominante, apasionada y cruel cual 'mantis religiosa'. Ese insecto dictióptero zoófago, capaz de devorar al macho, tras la cópula.

Cristina, déjate ver por Playa América y, si quieres una noche romántica, llámame a cualquier hora. No te importe despertarme, porque estaré soñando contigo, y ya sabes: 'Los sueños, sueños son', y si soñando contigo me despierto contigo, ¿qué puede haber mejor?

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