Manuel Orío
Los más guapos del mundo
Ha sido el español de toda la vida, un pueblo que le ha rendido culto al do de pecho y al aquí estoy yo desde mucho antes de los tiempos de Chindasvinto. Somos, ellos y ellas, guapos de frente y de perfil, valientes hasta no poder serlo más, irresponsables para lo mejor y lo peor y simple y llanamente magníficos. Son las nuestra virtudes extremas que se manifiestan en los momentos más difíciles y que se dan por generación espontánea y sin que en ello intervenga el lugar de nacimiento e incluso la pertenencia social. Nuestra historia está repleta de perfiles como los de Agustina de Aragón o Blas de Lezo, María Pita, Daoiz, Velarde o Manuela Malasaña. Perfiles de santos laicos como Gaudí, damas sublimes como Teresa de Cepeda, locos y locas egregios como Cristóbal Colón o Isabel la Católica que se pusieron de acuerdo para jugársela a una sola carta y descubrieron un continente nuevo.
Decía Salvador Dalí, uno de tantos visionarios como una jaula de grillos que nos distinguen y nos caracterizan –también nos hacen grandes- que el destino de los españoles está decisivamente marcado por su condición espiritual capaz de elevarse hasta lo más alto y descender a lo más profundo y que un ejemplo de esta vocación irrevocable es el hecho innegable de que España, por mediación de talentos tan egregios como De la Cierva y Peral, inventaron el autogiro y el submarino. Es cierto que el genio de Cadaqués recurría a la astracanada con cierta frecuencia, pero cierto es también que en este caso la razón le asistía. La astracanada también es muy nuestra para bien o para no tan bién y si no es así, que le pregunten a los herederos de Pedro Muñoz Seca al que su gusto por el astracán le costó la vida.
Todas estas reflexiones vienen a cuento por lo que nos ha pasado estos últimos días. La guapeza de alma y de ánimo se pega y se le ha pegado a Ilia Topuria que aunque es georgiano de nacimiento, es español y de los más característicos, y estaba contagiado de guapeza hasta que la han puesto la cara como un cuadro de Picasso y ha salido del octógono en ambulancia camino del hospital. De la selección española que también ha pecado de galanteo en seco y ha rozado el ridículo en su debut, ya hablaremos.
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