Nemesio Rodríguez Lois
¿Pedirá Felipe VI perdón a paraguayos, argentinos y brasileños?
Hace más de un mes que redacté estas líneas y me resistí a publicarlas, hasta que al fin, alea jact est. La noticia era tan increíble que el prestigioso diario que la recogía considero necesario acreditar su veracidad con una irrefutable prueba: la reproducción del escrito original en el que se contenía el soez desaguisado. Y aun así, solo por la bien ganada fama de seriedad de ese diario me atrevo a comentar un hecho en principio inconcebible.
Los buenos modales, la educación y el buen gusto son objetivos que debemos marcarnos aunque, desafortunadamente, con harta frecuencia se alcancen grados de cumplimiento poco satisfactorios. Por el contrario, la vituperable desfachatez, la zafiedad y la grosería, aun más desafortunadamente, acostumbran a abofetear la sensibilidad del común de los mortales. Y cuando esta execrable realidad es apadrinada por quienes, en razón de cargo y responsabilidad, están obligados a ser ejemplo, la respuesta no puede limitarse a la repulsa, el desprecio o la picota; es exigible la dimisión o el despido.
El caso de la noticia aludida pertenece de pleno derecho al segundo y denigrante grupo, porque una dama con alto puesto de responsabilidad en un organismo oficial Dirección General de Tráfico- ha tenido la infeliz idea de felicitar el nuevo año a Jefes y Subdirectores Generales no la Pascua Navideña que a fin y al cabo tiene concatenaciones religiosas- con una zafiedad y grosería que tendría difícil acomodo en una privada francachela de amigotes rindiendo culto al dios Baco. Ignoro si la musa de la señora Ceñidilla tiene secuelas etílicas, pero en cualquier caso resulta muy difícil calificar un acto de este talante cuando su autoría emana de todo una señora Subdirectora General de Formación para la Seguridad Vial, es decir un miembro destacado de un organismo que, entre otros menesteres, se significa por sancionar infracciones. Para más inri ella dice que para elevar la calidad epistolar- la alta funcionaria saca a relucir un mejorable numen poético para ofrecer un rosario de pareados soeces y groseros de los que parece hallarse tan satisfecha que aprovecha la oportunidad para recordar los de años anteriores. Sinceramente preferiría no reproducirlos, pero para calibrar el bodrio nade in una Dirección General de Formación me parece imprescindible hacerlo ¿Pueden creerse y admitirse estos textuales párrafos? : Feliz dos mil cinco, por el culo te la hinco, Feliz dos mil diez, por el culo te la hinco otra vez, Feliz año nuevo y chúpame un huevo.
El medio empleado para difundir tan formativa lección y ejemplarizar como se eleva el nivel epistolar es un correo electrónico oficial de la DGT y pese a la solemnidad de su origen las nauseas producidas a alguno de los destinatarios por tal escatológica grosería origino alguna crítica, como la del Jefe de Trafico de Palencia, lo que se considero suficiente para relevarle de su cargo por falta de respeto a un superior. ¡Bingo!. Al coctel, bodrio de zafiedad y grosería, se le pone la acibarada e injusta guinda de la tiranía.
Salvo que mi información fuese errónea, por lo que gustoso tendría que pedir disculpas, tal cúmulo de despropósitos hace deseable que a finales del presente año las felicitaciones que se intercambien sean de este tenor Feliz dos mil doce y que Doña Aurora del paro goce.
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