Nemesio Rodríguez Lois
¿Pedirá Felipe VI perdón a paraguayos, argentinos y brasileños?
No solo por propia experiencia, que también, sino por escuchar varios comentarios coincidentes, considero que el aficionado a emborronar cuartillas siente3 un verdadero placer cuando con negro sobre blanco plasma, o intenta plasmar, las ideas, pensamientos y opiniones que su cerebro elabora . Diríase que casi empieza a gozar de tal placer con el mero hecho de desflorar la virginal blancura del papel. Si además consigue aflorar literatura; es decir, que la combinación de palabras plasme belleza ¡Bingo!.. Y afinando un poco más considero que el disfrute de tal gozo es más intenso casi un presente para cualquier celebración- para el aficionado que para el profesional, que por ser su medio de vida está obligado a hacerlo. He ahí la axiomática diferencia del hobby y la obligación.
Tal como las monedas tienen su cara y su cruz, también este literario disfrute se ve acompañado por un sentimiento de ansiedad, cuando no de impotencia, porque al enfrentarse con la pantalla del ordenador o a un folio de papel en blanco con frecuencia parecen adquirir inusitadas proporciones que hacen temer la imposibilidad de rellenarlos.
Sin embargo los temores se van apaciguando y las letras empiezan a juntarse para convertirse en el exponente de una opinión, una idea o un pensamiento casi siempre alimentado por el paternalismo gubernamental que vienen en nuestra ayuda ofreciéndonos a diario todo un rosario de argumentos que se convierten en el equipo necesario para vencer la travesía del desierto folio.
Las millonarias subvenciones ligadas a familiares de quienes las conceden, el demencial déficit por haber gastado lo que se tenía y lo que no se tenía hipotecando el futuro al exigir adelanto de impuestos correspondientes al próximo ejercicio- las dotaciones para estudios tan necesarios como la estimulación del clítoris, ilustrarnos que el feto es un ser vivo pero no una persona humana, la búsqueda de una igualdad que hace desaparecer a niños y niñas para convertirlos en criaturas de indefinido sexo que luego llegan diferenciarse como miembros y miembras para volver a unificarse en un grupo de cinco millones de parados que aportan las oficialmente bendecidas divisiones de una nación a la que cuesta llamar España
Pinceladas para esbozar una angustiosa realidad que deja oír un amenazador estruendo de tronada, tal vez no muy lejana, que ya ha descargado su tempestad de rescate en países de nuestro entorno. Los sondeos anuncian un cambio en el pilotaje del navío, pero la travesía en un mar extraordinariamente proceloso no invita optimismo. Aun así como en esta situación no parece haber espacio para la ley de Murphy , hay que aferrarse al sabio dicho popular de que la esperanza es lo último que se pierde. Y si puede ser que no se pierda.
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