Fuera y dentro

Publicado: 22 mar 2026 - 01:10
Opinión.
Opinión. | Atlántico

La apuesta de Pedro Sánchez que basa la recuperación de su perdido brillo en el operativo de encarnar la oposición a Trump ante el mundo, tiene muchas posibilidades de salir bien porque el presidente de los Estados Unidos ha conseguido caerle mal a todo el mundo y cualquiera que muestre públicamente su antipatía por el lunático inquilino de la Casa Blanca tiene ganada una amistad por el mero hecho de decirlo. Sin embargo, habremos de reconocer que decirlo no tiene mucho truco porque los medios de comunicación y especialmente los más afines –acabo de leer por ahí que RTVE ha emitido este año pasado 333 entrevistas personales a ministros o miembros del Gobierno- son muy permeables a quienes expresan su oposición a los planes de un sujeto tan alarmantemente inculto y atrabiliario como Donald Trump. Pero una cosa es decirlo y otra cosa poder hacerlo porque este “No a la guerra” que queda tan valeroso y admirable es en realidad una impostura más. Sánchez está incluido en un numeroso grupo de compromisos internacionales que exigen un comportamiento común, y para conseguirlo fijan unas reglas que no pueden sortearse porque forman parte de una estrategia que compromete a todos los miembros de cada colectivo. España posee bases militares estadounidenses en su territorio, pertenece al Pacto del Atlántico y es miembro de la Unión Europea y la ONU. Y de otros muchos clubes internacionales que implantan la necesidad de una actuación acorde con el dictamen de cada uno de esos foros. Sánchez sabe que su “No a la guerra” es una excelente tarjeta de presentación, pero también sabe que podrá cumplirlo en la medida que sus socios y especialmente los que más mandan, se lo permitan.

Ý luego está todo lo demás. Las carreteras que han sido descuidadas y están cada día más peligrosas, los ferrocarriles que no andan, los jueces que no olvidan ni a su señora ni a su hermano y que han de juzgar a sus dos más íntimos colaboradores, los españolitos de a pie que se dejan lo que tienen y no tienen cada vez que pisan el mercado, la cada vez más inútil política de vivienda, las derrotas de las urnas en cascada, los plantes de sus socios, las derrotas parlamentarias y la percepción generalizada de que en casa se le quiere menos que fuera.

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