Rafael Torres
La eutanasia de Noelia
Un viejo amigo que es una de las personas que más sabe en gestión cultural me acaba de asegurar que la propuesta que aprobó la Xunta para el Fraga es correcta, con sus usos para una sala de hasta 2.000 espectadores con cine y teatro, sala de exposiciones y un museo sobre la historia del cine de Galicia. El Fraga lleva 25 años cerrado tras una sucesión de hechos inesperados -la fusión de las cajas gallegas primero y la crisis de la banca- y su reapertura no puede traer como añadido otro fiasco. Vigo acumula unos cuantos. Solo el Marco pasa el corte, aunque con dificultades, quizá por la proliferación de centros de arte contemporáneo. La Pinacoteca apenas funciona, la Casa das Artes cuenta con un público muy reducido, salvo cuando se monta el Belén en Navidades, y no digamos el Verbum, monumento al fracaso en busca de solución que no llega (quizá un centro arqueológico y otros usos, como se planteó). Incluso el Museo do Mar de Galicia se quedó muy lejos de lo que su nombre proclama, el centro de referencia sobre la historia marítima gallega, por un error en su planteamiento, equivocado por completo que se ha corregido a medias con la arqueología submarina. Valga decir que sus dos grandes momentos, cuando miles de personas pasaron por el museo de Alcabre, fueron con el montaje sobre los 300 años de la Batalla de Rande y el original de las Cantigas de Martín Codax. Cuando algo interesa, llama la atención. Otros museos marítimos cuentan como Liverpool con la historia del “Titanic” y el de Vigo tenía material de sobra con los galeones de Rande o los submarinos hundidos en la boca de la Ría durante la Segunda Guerra Mundial.
El Fraga, dice mi amigo, el que sabe de esto, está bien encaminado. A ver si esta vez es verdad.
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