Un Flick para Balaídos
Daba hasta pena oír a Florentino anunciando en el lenguaje del Despacho Oval el inicio de una guerra contra todo y contra todos y que está dispuesto a continuar al frente de la nave. A sus 79 años, se diría que asesorado por sí mismo en la forma y el fondo, retó al mundo al anunciar que optará a otro mandato, que probablemente conseguirá. No va a ser mejor ni para él ni para el Real Madrid. Incluso puede empeorarlo si trae de vuelta a Mou para dar más combustible al frente Anti, que va a crecer como la espuma. Qué difícil es retirarse a tiempo, incluso en su caso, tras haber logrado un éxito enorme en lo deportivo y lo económico y el reconocimiento mundial.
Mientras eso pasaba, en el otro lado del puente aéreo crece la admiración por Flick, capaz no solo de montar un equipo reconocible en la forma, de juego espléndido y solidario, y sobre todo ganador, sino también de poner en su sitio a los jugadores. Incluso a la superestrella Lamine, a quien afeó que saliera a celebrar el título exhibiendo una bandera palestina. No era el momento ni el lugar, dijo. No es nada fácil atreverse hoy a decir algo así alto y claro. Para empezar, hay que tener autoridad.
Por ejemplo, la directiva del Celta continúa mirando hacia otro lado con la grada de animación, foco continuo de problemas que, con toda probabilidad, irán a más. Ya los tuvo hace unos meses exhibiendo cientos de banderas Da Galiza ante el presidente gallego en el palco, y todo ello aderezado con los continuos insultos hacia otras aficiones, ciudades y clubes, además de un mitin obligatorio para toda la afición que acude a Balaídos. En el Celta no hay un Flick.
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