Rafael Torres
La eutanasia de Noelia
Parecía muy tranquilo el otrora activo frente antiportuario hasta que ayer este diario publicó que el Puerto acaba de poner en marcha la urbanización de la ampliación del Berbés, una franja de 8.000 metros que fue construida con todos los vistos buenos ambientales, entre ellos del actual Gobierno, que sometió durante un tiempo a consideración la obra y su necesidad. Finalmente, aceptó que estaba justificada y también validó el sistema empleado. Costó ocho años todo el proceso, con tres presidentes portuarios por el medio, lo que da cuenta de la enorme dificultad de ganar un metro al mar y lo excepcional del sistema. Tanto, que la Autoridad Portuaria ha descartado incluir nuevos “rellenos” en su plan de empresa para los próximos cinco o diez años al entender que suponen un esfuerzo excesivo en tiempo y dinero, además de la sensibilidad medioambiental del actual titular del Puerto. Pero queda por concluir la actuación del Berbés, que no tenía otro remedio para que la primera lonja de España continúe siéndolo: por cuestiones de logística, se necesitaba un espacio anexo para los pequeños vendedores y los grandes transportes, pero el Puerto, con bastante lógica, también ha incluido un paseo y un carril bici para que no sea solo una superficie empresarial sino también de uso ciudadano. Ninguna de estas sólidas razones, reiteradamente avaladas en informes, le valen al frente antiportuario, que anda con ganas de lío. Si fuera por ellos, no se habría construido el muelle de Guixar y mucho menos la terminal de Bouzas y, por tanto, el puerto habría dejado de ser operativo y Vigo se habría quedado sin el sector marítimo y la automoción. La felicidad de vivir en la tribu.
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