Julia Navarro
De justicia
Hay meses que pasan de puntillas y meses que llegan haciendo malabares. Febrero, este año, decidió presentarse como ese invitado que no solo trae postre, sino también espectáculo. Viene tan orgulloso de sí mismo que presume de equilibrios matemáticos con 4 domingos, 4 lunes, 4 martes, 4 miércoles, 4 jueves, 4 viernes y 4 sábados. Es un mes que parece decir que es corto, pero intenso; pequeño, pero simétrico; breve, pero con vocación de calendario artístico. Un febrero que se guiña un ojo, satisfecho de su propia geometría.
Como si la cosa no fuera ya lo bastante pintoresca en nuestro país, febrero trae consigo el inicio del Carnaval, esa época del año en la que todo el mundo se siente autorizado a sacar su versión más colorida, más exagerada o más misteriosa. Es el mes en el que las lentejuelas se multiplican, las máscaras se democratizan y los confetis aparecen en los bolsillos. Este mes sabe que, sin Carnaval, sería solo un mes con frío. Con Carnaval, en cambio, viene a justificar el teatro de todo el año, y a recordarnos que la dignidad pierde por goleada. Y por si fuera poco… los enamorados. Porque febrero, además de matemático y festivo, es romántico. El 14 llega con su habitual mezcla de corazones, flores, chocolates y declaraciones que van desde lo sublime hasta lo que debería haberse revisado antes de enviarse. Es la mensualidad en la que los tímidos se atreven, los poetas se inspiran y los floristas hacen su agosto.
Breve, pero con personalidad. Así es este febrero. Un mes que nos recuerda que la vida también se mide en coincidencias felices, en ritmos que encajan y en fiestas que iluminan el invierno. Y este año, además, febrero presume de un dato que pocos recuerdan. YouTube nació un 14 de febrero de 2005, como si Cupido hubiera dicho ¿Y si en vez de flechas lanzo vídeos de gatitos? Es su forma de recordarnos que la vida necesita color, ritmo y un poco de descontrol organizado. YouTube triunfa como plataforma profesional porque es más accesible que una nevera en verano. Con una conexión a internet y cualquier cosa que grabe —desde una cámara de cine hasta un móvil con la pantalla medio rota— cualquiera puede plantarse ante el mundo y decir: ¨Hola, humanidad, tengo algo que contar¨.
Esa apertura total ha convertido YouTube en el gran megáfono global. Profesionales de todos los sectores, desde neurocirujanos hasta expertos en hacer tortillas sin romperlas, pueden compartir su sabiduría con millones de personas. Sin permisos, sin alfombra roja y sin tener que pedir cita previa.
YouTube democratizó el conocimiento y de paso nos regaló tutoriales para absolutamente todo, desde arreglar una lavadora hasta sobrevivir a una reunión por Zoom o estar a la altura de una primera cita.
Mes con carácter e historia. Ha sido escenario de momentos que cambiaron el mundo. En 1953 Franklin, Watson y Crick descifraron la estructura química del ADN. En 1930 se descubrió Plutón, ese planeta que luego fue planeta en prácticas, luego despedido, luego readmitido en el corazón de todos. Febrero, orgulloso, dice que lo vio primero.
Febrero, además de matemático y festivo, también sabe ser profundamente humano. El 11 de febrero de 1990 Nelson Mandela recuperó la libertad tras 27 años en prisión contra el apartheid en Sudáfrica. Un mes que nos recuerda que la grandeza no depende de la longitud, sino de la capacidad de sorprender, equilibrar y dejar huella. Y más vale mirar atrás.
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