Fermín Bocos
Legislatura agónica, Sánchez sigue
La polarización que vive actualmente la sociedad española expresada no sólo por el lenguaje empleado por las diversas organizaciones políticas desde sus posiciones y que, por cierto, no es uniforme en los alistados entre ellos mismos en cada uno de los grandes bandos. La pobreza del lenguaje empleado, los insultos de baja estofa han empobrecido la dialéctica sobre la que se construyen los discursos sucesivos. Y va a peor. Este fenómeno es especialmente llamativo en el caso de lo que Sánchez llamaba “mayoría social de progreso”, donde formaciones tan variadas como Junts o el PNV cada vez coinciden menos con otros actores del mismo sector (se ve en las posiciones que adoptan en el Congreso, privando de las mayorías que precisa Pedro Sánchez para sacar sus propuestas). Pero tampoco en la derecha y la extrema derecha, pese a la necesidad de acuerdos para no perder el control de las autonomías donde suman más que el PSOE y sus consocios, reina la armonía, pese a la necesidad de sacar adelante pactos perentorios y programas que generan controversias
Este enfrentamiento dialéctico recuerda a algunos el clima de total imposibilidad de entenderse o dialogar de forma por lo menos educada que resulta especialmente elocuente en el Congreso de los Diputados. Aunque desde una perspectiva histórica la frase fue objeto de análisis de historiadores diversos, se ha vuelto a recordar por aquí aquello que dijera el que fuera ministro de la Gobernación de Franco, Tomás Garicano Goñi , quien para explicar por qué se llegó a la confrontación dijera: "Los españoles no nos soportábamos antes de la guerra civil", lo que se considera una visión simplista de un proceso más complejo. ¿Es que tampoco se soporta ahora los miembros de los partidos en liza y eso se proyecta sobre toda la sociedad en nuestro tiempo? Lo cierto es también que desde el Gobierno y sus consocios se ha extendido una calificación genérica y todos los que no compartan sus ideas y objetivos son fascistas, incluidos, por cierto, los propios militantes del PSOE críticos o discrepantes de Pedro Sánchez. El argumento es tan pobre y genérico que ni siquiera vale la pena responder a tal simpleza.
En ese clima, de no soportarse, cabe recordar que criticar o discrepar de Sánchez y sus socios no significa lo que se bautiza como fascismo. Y dentro del mismo caben las propias tempranas críticas a la precipitación de algunas medidas tomadas por la II República que incluso llevaron al propio Ortega a decir “No es esto no es esto” en diciembre de 1931. Su crítica se refería a la trayectoria que estaba tomando el nuevo régimen, por cuanto él esperaba llevar a cabo un proyecto integrador y modernizador Esta famosa frase formó parte de su discurso “Rectificación de la Republica” en los debates constitucionales del 6 de diciembre de 1931.
Hoy no tenemos a un Ortega, pero no es menor relevante que personajes como Ramón Tamames, viejo comunista e intelectual respetado, cuyos libros de economía e historia tienen la misma vigencia de cuando fueron escritos, sea hoy una de las voces que más crítica a Sánchez desde la autoridad de su propia procedencia. Cabe recordar su propio paso por el Congreso de los Diputados en aquella singular ocasión en que encabezaba una candidatura que no fue otra cosa que un pretexto para poder decir a la cara a Sánchez un repertorio de críticas por su modo de llevar el Estado y sus alianzas. En ese sentido fue especialmente duro en el caso de Bildu y otros juegos del sanchismo.
Tamames ha desmenuzado en sus libros los graves errores de la II República y sus consecuencias, y, curiosamente, ha sido especialmente crítico con el uso por Sánchez de la llamada memoria democrática y su obsesión con Franco. Con cierta ironía y sentido del humor, Tamames, con la frase “A moro muerto, gran lanzada”, se refirió a ese hecho como principal orden de las preocupaciones del actual presidente, dedicando más atención a cuestiones del pasado que a necesidades del presente. El mensaje esencial de Tamames descansaba sobre la necesidad de recuperar el espíritu de la Transición frente al radicalismo variopinto vigente, eso que mal que peor los mismos que sostienen a Sánchez, aunque en precario, llaman el “régimen del 78”.
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