Fermín Bocos
La deuda
Que estudiar no te cueste la vida", rezaba la pancarta que abría la manifestación de repulsa en Cuernavaca por el asesinato de Claudia Tacoronte Aguilera, la joven estudiante canaria a la que la Universidad de Granada había enviado en intercambio académico a la Autónoma de Morelos. Claudia Tacoronte, que recién había cumplido 21 años, cursaba el último año de su carrera de Educación Infantil, y era la maestra de escuela en ciernes que ya no podrá celebrar la vida y el conocimiento con alumnos ningunos, ni transmitirles el amor que sentía por la Naturaleza y por los animales de los que siempre se hallaba rodeada.
A Claudia Tacoronte la apuñalaron hasta la muerte cuando intentaba refugiarse en la Casa de la Cultura de Cuautla huyendo de su matador. Puede que, como se especula, éste buscara arrebatarle el móvil, pero a Claudia lo que le costó la vida fue ser estudiante y mujer en un país, México, en el que ambas cosas parecen equivaler a una potencial sentencia de muerte. En la memoria, que nunca debe desfallecer, están las recurrentes matanzas de estudiantes perpetradas no ya por sicarios o hampones, sino por la Policía y el Ejército. La masacre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas se cobró las vidas, a tiro limpio, de 400 estudiantes reunidos en asamblea pacífica, y a ésta siguieron, entre otras, la del Jueves del Corpus en 1971 con 70 estudiantes muertos, o la más reciente del estado de Guerrero, donde policías locales asesinaron a 43 e hicieron desaparecer para siempre sus cuerpos.
Pero Claudia Tacoronte era, además de estudiante, una mujer, y en Morelos, donde van asesinadas una treintena en lo que va de año, entre ellas cuatro alumnas de la propia Universidad, el feminicidio está a la orden del día e impune, apenas un 5% de los casos investigados y resueltos con la aprehensión de los asesinos. Lara, la hermana pequeña de Claudia, se pregunta cómo es posible que la Universidad de Granada la enviara allí, y es una pregunta que las autoridades académicas habrán de responder más allá de la primera y banal exculpación de que nadie les informó de nada. Lo tristemente cierto es que con la pérdida de Claudia, muchos niños no podrán disfrutar nunca de esa maestra ejemplar.
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