Rafael Torres
La eutanasia de Noelia
El ámbito en el que uno se ha criado deja huella indeleble en la manera elegida por cada cual para comportarse. El paso de José Luis Ábalos por Ferraz parece innegable que ha dejado huella y muy profunda. Bizarro, engreído, sobrado, verbenero, chulo e inmoral, el todopoderoso político levantino elevado sorprendentemente a los altares debió de imponer un protocolo de actuación unido a unas normas propias de comportamiento, de una calidad tan ínfima y de un grado tal de desvergüenza y descaro que lo ha dejado todo perdido incluyendo por supuesto los códigos éticos del socialismo y su gente. Ese tiempo en el que este personaje sin conciencia ni honor pasó por los cuarteles generales del PSOE ha marcado tendencia y ha conseguido convertir en normal y natural lo que antes era radicalmente abominable.
El último de los episodios que, por el momento ennegrecen la fama y el honor de un partido que nació ejemplar en una taberna madrileña próxima a la Puerta del Sol y que gracias al expediente irreprochable de sus fundadores encabezados por el cajista gallego Pablo Iglesias, fue referente de honra, ha sido el abominable episodio de la Diputación de Badajoz, que parte de la contratación del hermano del presidente del Gobierno para ocupar una plaza creada específicamente para él, y ha derivado en un laberinto de mentiras y secretos inconfesables, y comparece investido de todas y cada de las turíferas condiciones que se han impuesto en el partido y que lo caracterizan en estos tiempos de sombra y calamidades. Es posible que la situación actual sea heredera de vicios muy anteriores, pero la encarnación del inaceptable comportamiento se dispara –con excepción del caso de los Eres de Andalucía de los que la gente ha acabado por olvidarse- a partir de la presencia de este ejemplar que ha conseguido imponer un sistema basado en el compadreo, en la compraventa y en la golfería más absoluta. Ábalos es un ejemplo inagotable de cómo aplicar la desvergüenza en el comportamiento político y su estilo ha calado hondo.
De no ser así no existirían individuos de la catadura de Miguel Ángel Gallardo, ya ex presidente de la diputación de Badajoz y ahora diputado al Parlamento regional a costa de la renuncia de cinco de sus camaradas de partido para conseguir aforarse. Un ejemplo, vamos.
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