Las dos Españas (corruptas)
En España, como ocurren cada día tantas cosas, no resulta extraño que el calendario haga coincidir acontecimientos paralelos y, en el fondo, coincidentes. Tal como el inicio ahora de un juicio por la corrupción en el Partido Popular, cuando este gobernaba, y otro contra la corrupción en el PSOE gobernante en la actualidad. Las eternas dos Españas, ahora alineadas en distintas fases y formas de corrupción, pasando por diferentes banquillos, con multitud de testigos a los que hemos visto hasta no hace mucho tiempo en los periódicos ejerciendo cargos públicos de enorme responsabilidad.
Desdeñaré entrar en el detalle, muy difundido, de las comparecencias de los de la Kitchen, por un lado, y los de las mascarillas, por otro. Ambos casos son la muestra de que la corrupción pública no ha acabado, que la vigilancia de los medios, tan odiosa para aquellos que `algo` no quieren que se publique y, por tanto, no sea noticia, sigue siendo imprescindible, que la sanción social y las ansias de regeneración no son una mera utopía reservada a las elites intelectuales.
Pero, claro, cuando la imagen del pasado de unos y el presente de otros está en entredicho, a ninguno de los dos `grandes` partidos, enfrascados ya en sus encuestas andaluzas, como si no hubiera otro mañana que el del 17 de mayo, les conviene no entrar a saco en el `otro` juicio, no vaya a ser que los `otros` entren en los pormenores del juicio propio. Omertá. Pero vamos, con todo, a tener los medios juicio y `contrajuicio` durante bastantes semanas, quizá hasta el mes de junio, cuando ya conoceremos los resultados andaluces y también cómo andan los respectivos procesos judiciales contra los familiares del presidente.
Eso, entre otras muchas cosas. Porque en el mundo no cesan de ocurrir cosas, e incluso ocurren ahora en el espacio exterior. Ya he dicho muchas veces que a veces parece que nuestros representantes políticos andan más en la luna -pero sin participar en su casi inminente colonización-que en la Tierra; que son más inspectores de nubes, como quería Zapatero al `retirarse`, que constructores del futuro.
Estamos, sí, cayendo en la irrelevancia ombliguista. En el olvido de hechos lamentables que afectan a nuestro inmediato pasado y a nuestro presente reciente. E incluyo aquí, qué remedio, a la tercera España, la de la charanga, esa que aplaude en las plazas de toros a figuras que han tenido una última trayectoria cuestionable, aunque acumulen pasados méritos importantes en favor de la democracia. No, no me gustó ver al llamado emérito aplaudido en los tendidos, cual si fuera otro Morante. Un silencio respetuoso hubiera quizá sido más propio de la ocasión, me parece, y no creo ser demasiado intransigente con lo que digo.
Lo peor, para mí, no es la superposición de imágenes en la que se mezclan los Aldamas, Villarejos, Fernández Díaz, Abalos, Koldos, etcétera. Ni lo peor está en el enorme banquillo de los testigos que van a desfilar por los tribunales. Lo peor es que la España adormecida tiende al olvido, sin caer en la cuenta de que ese olvido, que es casi el perdón, facilita que de nuevo ocurran cosas que jamás debieron ocurrir y que jamás deben amnistiarse. Es triste, mucho, poder encabezar un comentario como refiriéndose a las `dos Españas corruptas`. Lo grave es que no altero para nada la realidad con un titular así, tan duro.
Contenido patrocinado
También te puede interesar