Luis Carlos de la Peña
La España diversa
En este proceloso patio en el que se dan cita los involucrados en los procesos judiciales que ya señalan sin poco margen de duda a Pedro Sánchez, los hay de todos los colores como en el de Monipodio en el que se juntaban bribones del Madrid de los Austrias de toda condición y oficio. Los de ahora responden a los tipos más representativos del granujismo, desde proxenetas a timadores, extorsionadores y chantajistas. También conviven en esta fauna los que se lucran de la desgracia ajena, los que se ocupan de blanquear dinero negro, los que abusan, los manipuladores, los perjuros y los comisionistas. Hay todo un abanico que acoge y asila el catálogo prácticamente íntegro de la desvergüenza en todas sus especialidades.
En esta golfería generalizada, cierto es también que se entremezclan hampones de diferente cuantía y que no es lo mismo actuar en las esferas en que lo ha estado haciendo Zapatero, que aceptar un cargo ficticio con el que ganarse la vida en situación difícil como parece que le ha ocurrido a David Sánchez, hermano del “number One”, que se las ha arreglado peor porque es menos espabilado y seguramente tiene menos malicia. El caso es que hay un algo de desvalimiento en la patética figura de David Azagra, sentadito en el banquillo, serio y con gesto de preocupación cuando no es de miedo. Sospecho que Sánchez dio la orden con cierta desgana, “… y a ver si le buscáis algo de paso a mi hermano. Una cosa cómoda, en la que cobre y no tenga que fichar todos los putos días. Venga, a ello”.
Y claro, pues al final se descubrió el pastel más que nada porque David semeja ser un personaje que no está en este mundo, que se entera de poco y que ni siquiera reaccionó cuando le advirtieron que la cosa iba en serio. Su comparecencia ante la jueza fue patética y tan sorprendente en su estupidez que nadie en su sano juicio podía comprenderla. Llegó allí con lo puesto, sin preparar nada, sin amarrar el argumento y, a qué engañarnos, sin enterarse de nada. Estos días que se ventila su causa, aparece en la sala, como desorientado, como entregado y como falto de cariño. Lo está pasando muy mal e incluso a lo mejor no es consciente del por qué se le juzga. Nada sabía entonces y nada sabe ahora.
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