Carmen Tomás
La factoría de la Moncloa, a tope
Los políticos españoles están, al igual que muchos colegas europeos, ensimismados en sus conflictos internos, en sus luchas de poder y atentos a los resultados volátiles de las encuestas, sin percibir, en su inmensa gravedad, el cataclismo amenazante en que el enloquecido presidente de EEUU ha convertido la política internacional.
Solo el acto vergonzoso, ridículo e inmoral de quedarse con el símbolo del Premio Nobel, que no ha ganado, como si su enfermiza vanidad necesitará un trofeo para colocar en la mesilla de noche, retrata al personaje. Pero no tiene la culpa Corina Machado de haberle cedido lo que la Academia Noruega le otorgó, exclusivamente a ella, sino los infantiles celos de un ególatra enfermizo.
Y, mientras el Gobierno se debate entre enviar tropas, como van a hacer determinados países europeos, para proteger Groenlandia, Trump amenaza con imponer aranceles a los que no se plieguen a su plan para anexionarse la isla del ártico.
Sánchez y Feijóo se reúnen el lunes en Moncloa, precisamente para hablar del envío de tropas al extranjero y, dada la crispación, es más que posible que sea otra cita fallida. Y eso que el propio Feijóo ha reconocido, en un acto del PP en Valladolid, que el contexto internacional es "complejo y peligroso". ¿A qué esperan para coordinar una respuesta?
En el PSOE, mientras tanto, están "tranquilos" porque la última encuesta de Tezanos les asegura más de ocho puntos sobre los populares y no prestan demasiada atención a la bronca interna de Sumar, su inquebrantable socio de Gobierno.
El coordinador de Izquierda Unida, Antonio Maíllo, advierte que Sumar ha perdido la capacidad de aglutinar y exige la creación de un nuevo sujeto político, para presentarse a las próximas elecciones. No lo dice abiertamente, pero no cuenta con Yolanda Díaz para liderarlo. Porque él, Maíllo, si parece ser consciente, en contra de los pronósticos de Tezanos, del crecimiento del voto a la extrema derecha.
Por su parte, Abascal intenta sacar partido de las protestas del campo contra el acuerdo con Mercosur, porque sabe que en este sector tiene un caladero de votos que le pueden ayudar en las elecciones de Aragón, donde ya se ha instalado como hizo en Extremadura.
Y así seguimos, cada uno empeñado en sus batallitas partidistas y de corto alcance, mientras el mundo se tambalea en la incertidumbre del cambio de las normas democráticas, impuestas por un peligroso remedo de dictador.
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