Manuel Orío
Enemistades y mitos
En esta sucesión de situaciones inaceptables que jalonan el transcurrir de cada día, me cuesta imaginar algo tan monstruoso en un supuestamente ejemplo de país en democracia que es el nuestro, como este suceso escalofriante que tiene como víctima a una juez de Badajoz, presente ahora en calidad de acusación particular en el juicio que se sigue contra las llamadas “cloacas” del PSOE, una denominación por otra parte muy condescendiente a juzgar por lo que se está sabiendo. Y digo supuestamente, porque este episodio que conecta a un clan mafioso del narcotráfico y una asociación de sujetos que al amparo de un pretendido club de debate, buscan en realidad asemejarse a una banda de pandilleros en el Birmingham de los años 20 con una juez a la que se pretendía eliminar para desestabilizar el proceso en curso instruido contra el hermano del presidente del Gobierno, parece negar la mayor es decir, la de nuestra ejemplaridad en materia de democracia. Más aún, si el agente encargado de llevar a cabo este trabajo en la sombra es un magistrado expulsado la carrera por malos tratos ejercidos contra su pareja que también es magistrada. Este personaje que se pasó a la práctica privada de la abogacía tras su expulsión, parece contener en sí mismo todo lo más abyecto y execrable de la condición humana. La juez es Beatriz Biedma, y ha debido padecer tal calvario que su comportamiento debería convertirse en ejemplo de honestidad en el ejercicio de su ministerio y debería ser recipiente de gratitud, valor y reconocimiento por parte de los administrados, porque es un símbolo de grandeza y dignidad en la práctica y aplicación de la Justicia.
En un país como el nuestro, que a su perseverante afición por enfrentar o enfrentarse –Joselito y Belmonte, Manolete y Arruza, Dato y Canalejas, Kubala y DiStefano, Cánovas y Sagasta, Messi y Ronaldo y así al infinito- y al que le fascina adorar mitos, no vendría mal que, al tiempo de hacer mito a Maricarmen, se procurara respetar y valorar a una juez que ha sido amenazada, hostigada e insultada por unos hampones disfrazados de políticos. Ella también lo merece.
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