Rafael Torres
La eutanasia de Noelia
No hay enemigo pequeño y no es prudente minimizar a un rival porque puede dar la sorpresa e infringirte derrotas que marcan para toda la vida como muy bien sabe el Real Madrid que fue víctima del llamado “alcorconazo”, el correctivo que lo sumió en el ridículo en enero de 2010 cuando el conjunto del Alcorcón –entonces en Segunda B- ganó a todo un Real Madrid plagado de estrella por un bochornoso 4-0 en la eliminatoria correspondiente a la Copa del Rey de aquel año. A estas horas, y sin abandonar idéntico ámbito regional, el modesto río Manzanares del que se han mofado hasta la saciedad desde los clásicos hasta los autores más actuales – el cáustico Quevedo lo definió como “aprendiz de río” en un divertido verso, y un embajador alemán dos siglos después dijo de él que era el mejor de Europa porque era navegable en coche y a caballo- se ha convertido en un cauce feroz y desbocado que amenaza con rebosar su diminuto cauce y comerse vivos los puentes barrocos, neoclásicos y románticos que jalonan su cauce.
El enemigo pequeño al que nunca se puede deslegitimar porque existen posibilidades, por muy remotas que sean, de que ponga los brazos en jarras y estropee el festejo como le pasó al gigante Goliat con el rey David, no solo lo representa a estas alturas el río Manzanares y algunos otros cauces menores de su entorno que discurren como culebras por las estepas manchegas y que nunca se cabrean hasta que la mordacidad popular acaba por conseguir que pierdan la paciencia, sino que se refleja en estampas de la vida real como la que persigue a estas horas al presidente del Gobierno quien, en su enfermizo engreimiento, nunca ha calculado que sucumbiría sepultado por el peso de su propio ego hasta que ha venido a visitarlo el río Manzanares y la Sociedad Deportiva Alcorcón a medias, para recordarle que ha llegado la hora de reconocer la lamentable situación a la que le ha conducido su prepotencia y es un sujeto obligado a enmendarse a sí mismo con situaciones tan vergonzosas como la carencia de presupuestos que en su momento le valió para abanderar la destitución de Rajoy y al que hoy el VAR de la actividad parlamentaria lo retrata en fuera de juego obligado a reconocer que volverá a prolongar los viejos, porque se ha propuesto aguantar aunque sea humillado y mintiendo. Calcular no es lo suyo. Asumir sus errores, mucho menos.
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