Fermín Bocos
Crímenes sin castigo
En los años sesenta y setenta había tres grandes empresas con miles de empleos. Aunque con otro nombre y propósito, todavía se mantiene Stellantis, antes PSA, antes Citroën Hispania. Las otras dos desaparecieron y de ellas solo quedan restos o recuerdos. Una, el Grupo Casa MAR, que fue mucho más importante que Pescanova, punta de lanza de la pesca industrial con una flota de congeladores que pescaba en todo el mundo, fundada por Javier Sensat; otra el Grupo de Empresas Álvarez, cuyo fundador, Moisés Álvarez, era además un filántropo y un humanista.
Casa MAR se vino abajo cuando los Estados comenzaron a fijar 200 millas como zona de explotación económica exclusiva, lo que supuso la expulsión de los congeladores. Tras muchos intentos para buscar nuevas vías, la empresa, considerada modélica, echó el cierre al ser incapaz de competir en el mercado. En su ubicación original se encuentra ahora el Auditorio de Beiramar.
GEA era un imperio, la sociedad más puntera de la ciudad. Contaba con 5.000 empleados y 34 establecimientos en todo el país. Llevó el nombre de la ciudad por el mundo exportando a Europa, EEUU e Iberoamérica. Creó nuevas marcas dedicadas a distintos productos como Porcelanas Santa Clara, Royal China de loza, Casablanca de vidrio, Pontesa de loza. Moisés era partidario de que los obreros dispusieran de todos los servicios y en Cabral montó todo un nuevo barrio, el recinto de Santa Clara, que se acabaría convirtiendo en una auténtica ciudad empresarial, albergando entre otros servicios una escuela de aprendizaje, economato, servicio médico, una escuela para los hijos de los operarios e incluso una capilla. En sus últimos años estaba convencido del apocalipsis nuclear que nunca llegó y construyó un búnker en el Castro que le costó unos 100 millones de pesetas, que al cambio de hoy, sumando la inflación, serían 20 millones de euros. Una locura.
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