Nemesio Rodríguez Lois
¿Pedirá Felipe VI perdón a paraguayos, argentinos y brasileños?
Cuando los novios en España para besarse tenían que aprovechar la última fila de los cines o el portal de la chica, yo, estudiante en Londres, observé y acepté con naturalidad el besuqueo callejero. Con ello pretendo decir que mi mentalidad en lo que a las relaciones de parejas se refiere hace mucho tiempo que se alejó de monjiles conceptos tan nefastos como el desmadre que actualmente nos invade a instancias del gobierno que nos tocó en suerte. Ya se sabe que el substantivo suerte no examina los adjetivos y lo mismo sale con buena que con mala.
Al despilfarro de la perínclita Bibiana, obsesionada con las técnicas de estimulación del clítoris, siguieron otros bodrios para llegar ahora a la genialidad de la Consejera de Sanidad de la Junta de Andalucía que destina la nada despreciable suma de 180.000 euros; es decir, unos treinta millones de las antiguas pesetas, para suministrar a los chavales preservativos sofisticados con diversos sabores, adiestrarles en el arte de la masturbación y -¡caray!- facilitarles diques dentales para la práctica del sexo oral. Este último aspecto ha sido un duro golpe para mí, porque pese a no haber recibido enseñanzas sexuales nunca me sentí traumatizado y ahora me entero de la ignorancia en que me mantuvo el franquismo, que con el corsé puesto a la libertad informativa únicamente nos hablaba de los diques de los pantanos y si en algún caso se asociaban a la boca se referían a la del puerto.
Al margen de mi admitida ignorancia siempre supe que una primera impresión puede entrañar ciertos errores como en este caso, ya que la generosa libertad pone algún límite que viene a coartar el libre albedrío de los educandos, al señalar que la llegada de la virginidad a su crematorio natural debe acontecer precisamente a los dieciséis años. Por algo Jardiel Poncela dudaba de la existencia de once mil vírgenes.
Citar al genial humorista no debe ocultar la seria gravedad de la cuestión, porque Andalucía que con toros, peinetas y faralaes para muchos extranjeros tipifica a España, no mantiene ese papel protagonista en el ámbito del bienestar social y a buen seguro que esos millares de euros podrían encontrar fácil acomodo en otros menesteres más necesarios. Panem et circenses; pero, con permiso de Juvenal, primero pan.
La reiteración de despilfarros conectados con temas sexuales me pone de manifiesto otro de mis errores conceptuales, ya que consideraba una sentada tradición que los varones se adelantaran en la adoración al Dios Eros y tal vez porque Spain is different, son nuestras féminas regidoras las que desmelenan, desterrando tabúes y sin amasar el pan, Evas al fin y al cabo, preparan la compota de manzana. Recurriendo al francés, Bon appétit.
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