Rafael Torres
La eutanasia de Noelia
Ahora que sabemos que, aplicando la teoría al menos, Pedro Sánchez ha perdido su controvertida y exigua mayoría parlamentaria tras la decisión de la cúpula de la fracción independentista catalana que se la otorgaba a cambio de recibir un auténtico torrente de ventajas de toda clase y condición, parece lícito preguntarse por la situación que compromete al Congreso de los Diputados tras este nuevo escenario que parece sustraerse de la decisión del prófugo. El prófugo es un político de medio pelo y una persona francamente vulgar que el independentismo catalán ha divinizado y que, sin embargo, con esta sublime decisión deberá enfrentarse a una estrategia nueva no solo consecuencia de la tardanza de Sánchez para concederle sus favores sino a la propia situación geopolítica que plantea y que ha suscitado el nacimiento de un partido mucho más xenófobo y radical que el suyo aprovechando el descontento de los catalanistas más cavernarios que, a juzgar por los avances de Aliança Catalana, son más de los que muchos piensan.
Hay desde luego en el bando de los que esto del independentismo nos parece un sainete y que somos también unos cuantos, una reflexión que nos inclina a sospechar que tras esta decisión de la cúpula de Junts y el mandato del prófugo, existe un cierto nivel de impostura a pesar de la próxima consulta a las bases en apariencia de asamblea votante. La decisión de Puigdemont si se concreta y produce el hundimiento de la alianza de izquierda que sostiene al Gobierno, obligaría al planteamiento de una moción y la posibilidad de un adelanto electoral porque un Gobierno en la situación que se le abre a Sánchez, con el Senado en contra, con pérdida de mayoría en el Congreso y sin presupuestos desde hace tres años es insostenible. Sin embargo es lógico pensar también que una desvinculación de un partido como Junts del núcleo de poder político significaría su ruina y la posibilidad de caer triturado entre las mandíbulas de la ultraderecha de AC. Y unas elecciones anticipadas ganadas por el PP pondrían patas arriba todo el escenario político. Solo cabe añadir en esta difícil ecuación el concepto de que Puigdemont es, en realidad, un señor muy de derechas que, a lo mejor, está soñando romper con las izquierdas.
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