El 'dinosauriato'

Publicado: 20 may 2026 - 09:13
Opinión.
Opinión. | Atlántico

Hace ya bastantes años, corría 2010, escribí un libro, junto a Manuel Ángel Menéndez, que titulamos 'el zapaterato', como otros escribieron sobre `el felipato` o, en paralelo, sobre el 'aznarato'. Una manera de referirse al poder casi omnímodo que en España tienen los presidentes del Gobierno (hoy sería 'el sanchinato'). Y, cuando quieren, también tienen este poder los expresidentes.

Jamás, cuando escribí aquel libro que sobre todo trataba sobre las negociaciones secretas (y meritorias) de José Luis Rodríguez Zapatero con la banda ETA, pensé que aquel hombre, a quien traté bastante, tímido y a mi parecer buena persona, pudiera llegar a ser considerado como alguien ávido de dinero, capaz de justificar comisiones injustificables y de hacer demasiadas cosas que simplemente un ex presidente no debe hacer, aunque solo sea por estética, en favor del futuro de sus hijos/as.

No será yo quien lance la primera piedra en la lapidación de ZP, inmerso ahora en inéditas imputaciones judiciales de las que tengo poco conocimiento profundo. Me hiere que quien ha sido un presidente a quien consideré limitado, pero digno, se encuentre ahora en discutibles pasillos financieros, de puertas giratorias y de muy presuntos tráficos de influencias. Creo que va tardando en salir a explicar a los ciudadanos, a los que tanto decía respetar, en qué pasos anda, aunque no se trate probablemente de situaciones que concluyan en el Código Penal.

Solo diré que Pedro Sánchez es persona que yerra en los 'casting'. Santos Cerdán y Ábalos apestaban mucho antes de salir en los papeles. En otro orden de cosas, todos sabían que Pilar Alegría, primero, y María Jesús Montero, después, u Oscar López, en el futuro ante las urnas en Madrid, eran gentes destinadas al estrellato. Derivado de estrellarse, claro. Y ya desde hace tiempo todos intuíamos, algún colega alerta que ahora saca libro al respecto, como Isaac Blasco, el primero, que Zapatero acabaría, aunque no fuese más que por ese afán de estar en todas las salsas, incluyendo alguna venenosa, causando problemas al 'jefe'.

Alguna vez, a Sánchez, tan mal rodeado por deudos y familiares como bien pertrechado por un ejército de asesores en Moncloa, bien pagados y con muchos estudios académicos, le llamé 'el último dinosaurio'. Lo es en la socialdemocracia europea, en su papel de San Jorge frente al dragón del pelo naranja, en su voluntad resiliente más allá de la lógica y del sentido común.

No me atrevería a proclamar, como hacen estos días tantos colegas, que, tras el batacazo en Andalucía (pero hombre, Pedro, ¿a quién se le ocurrió María Jesús Montero, tan pelota, tan histriónica?), se acelera el fin de Sánchez: demasiadas veces hemos errado prediciendo su muerte política, porque su pervivencia parecía imposible. Pero sí me atrevo a señalar que así, en estos pasos, comenzaron los partidos socialistas francés o italiano, que tan poderosos parecían y se diluyeron hasta proporciones mínimas. Y añadiría que ni siquiera el dinosaurio de Monterroso estaba destinado a pervivir para siempre: el último dinosaurio, por mucho que fuese el más fuerte, también acabó mordiendo el polvo, seguramente entre tremendos coletazos. Y entonces nada quedó del 'dinosauriato', como les ocurrió, sic transit gloria mundi, al zapaterato, o al mismísimo felipato, o...

Contenido patrocinado

stats