Dilema en la “planta noble” de Génova

Publicado: 23 mar 2026 - 01:10
Opinión.
Opinión. | Atlántico

Comenzamos la semana sin saber si el Partido Popular apoyará en el Congreso de los Diputados el “decreto anticrisis” que salió del Consejo de Ministros el pasado viernes. Lo tienen difícil los estrategas de Feijóo, y ni siquiera estoy seguro de que haya una opinión unánime entre ellos: ¿cómo no apoyar un decreto que habla de subvenciones a los principales perjudicados por la guerra loca de Trump contra Irán, como decir “no” a unas rebajas de impuestos que los propios “populares” habían solicitado? Y, por otro lado, ¿no sería este apoyo un reforzamiento de las posiciones de Pedro Sánchez, que ni siquiera se molestó en consultar suficientemente con la oposición un tema tan trascendente en unos momentos de grave crisis planetaria?

A Sánchez le fallan las formas. Todas las formas. Al PP a veces le fallan las estrategias. Y las tácticas. A ambos les lastra esa falta total de deseo de encontrarse en cuestiones que son buenas para los ciudadanos, que asisten ya casi como a una rutina al duelo a garrotazos permanente, y que mucho me temo que se reproducirá este miércoles en la primera sesión parlamentaria en la que Sánchez hablará “in extenso” de la enorme crisis abierta con la guerra contra Irán, hace tres semanas.

Sánchez va a aprovechar para “hacer campaña”, que las elecciones andaluzas vienen apretando. Más antitrumpismo, más “no” a una guerra completamente impopular, más publicidad para esas 80 medidas aprobadas el viernes que ahora necesitan la ratificación (yo creo que probable, veremos) de la Cámara Baja. La guerra nos cuesta, admitió un “enfadado” Sánchez, cinco mil millones. Puede que nos cueste más, pero esa es la cifra en la que se han cuantificado las ayudas a nuestros empobrecidos bolsillos. Luego viene el “otro” decreto, el impulsado por Sumar sobre vivienda, alquileres y control de márgenes empresariales. Ese es el “decreto de izquierdas”, que no hallará el respaldo ni de Junts, ni del PNV ni, ciertamente, del PP y Vox, de manera que saldrá tumbado de su paso parlamentario.

Así que la batalla parlamentaria se centrará en este segundo punto. Y a ver cómo sale el PP del paso respecto del primero, las ayudas directas e indirectas a los perjudicados por la guerra, que somos todos, unos más que otros. He escuchado al responsable económico del PP, Juan Bravo, entrevistado en una radio, decir que su partido “está estudiando” cuidadosamente las medidas del “super decreto”, dando a entender, me pareció, que, con reticencias, lo suscribirán.

Pero claro, Juan Bravo no es el portavoz Tellado, “duro” entre los “duros” en el PP, de la misma manera que, en el terreno gubernamental, el ministro Carlos Cuerpo no es lo mismo que la vehemente María Jesús Montero, a la que tal vez acabe sustituyendo muy pronto, acumulando a la cartera de Economía la de Hacienda. Ciertamente, si de Bravo y Cuerpo dependiese, el acuerdo económico entre PP y PSOE estaría ya hecho. Pero los “halcones” de ambos partidos, y la antipatía personal entre Sánchez y Feijóo reinan, y es lamentable, sobre el conjunto de la política española.

También es verdad que, a los problemas directamente causados por una guerra que, diga Trump lo que diga, nadie sabe muy bien cuándo ni cómo acabará, hay que añadir los tiros en el pie que se da el propio Gobierno: ahí tienen ustedes el caso Indra-Escribano, que amenaza con enconarse como los de Telefónica o Sabadell-BBVA, por culpa de un intervencionismo monclovita digno de mejores causas. Para no citar los “giros a la izquierda de la izquierda” que Sumar pretende dar a la actuación del Gobierno del que forma parte como coaligado y que siempre acaban en tormentas en vaso de agua, aunque nadie descarte el tsunami final.

Comprendo que, con estos mimbres, resulte difícil pensar en que lo que en realidad se espera de la sesión de este miércoles, un acuerdo básico, salga adelante: la maldición de Biksmarck, según la cual los españoles somos el pueblo más fuerte del mundo, porque llevamos siglos intentando destruirnos sin conseguirlo, sigue en pleno vigor. Pero ahora la pelota no esta en el lado del Gobierno, habitual constructor de muros: está en el del PP. Y no sé por qué, puede que me equivoque, me temo que, a fecha de hoy, cuando apenas faltan unas horas para un debate parlamentario clave, una decisión última, contundente, no está aún tomada en la “planta noble” de Génova. Sí, es muy difícil hacer oposición en esta España de gentes “quemadas”.

Contenido patrocinado

stats