Unas diferencias

Publicado: 26 jul 2026 - 01:00
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La estrategia del PSOE a partir del inicio de este calvario cuyo término no se advierte pero se adivina, ha consistido en negar la evidencia incluso en los casos en los que la sentencia declarara culpables y condena a los investigados. Son los casos del fiscal general y de David Sánchez el hermano músico del presidente, a los que el entorno del Gobierno y el partido consideran inocentes tras la sentencia, y atribuyen su condena a una conspiración fascista en la que participa parte de la judicatura, la oposición y ciertos sectores de prensa. Se trata de un comportamiento incomprensible y hay quien sospecha que responde a la posibilidad de aplicar una amnistía antes de echar el cierre y de disolver las Cortes. La teatral puesta en escena de un Gobierno cuyo ministro de Justicia es el primer ariete en contra de la independencia de los jueces, ha interiorizado también la designación como “judas” o “traidores” de aquellos imputados que han decidido confesar para librarse de unas condenas más severas al estilo de Aldama o Julito, olvidando frecuentemente lo que entraña en verdad el acto y sus muchas variaciones.

Ciertamente Judas vendió a Jesucristo a los romanos por un puñado de monedas y, torturado por su propia conciencia, se colgó del primer olivo que encontró en el camino. También a Viriato lo entregaron algunos de sus camaradas de armas a los romanos a cambio de un pago que los invasores se negaron después a cumplir apelando a la famosa frase “Roma no paga traidores”. La diferencia sin embargo entre ambos comportamientos es que, mientras Jesús de Nazaret y Viriato eran personas virtuosas que no merecían un tratamiento que terminó en la muerte, las confesiones pactadas por Aldama y Julio Martínez –detrás vendrá probablemente Leire- denuncian el comportamiento de sujetos que son aún más delincuentes que sus delatores, lo que desequilibra abiertamente la balanza en la comparación de las delaciones. Judas y los traidores iberos delataron a dos justos. Aldama y Julito lo hicieron con una banda de chorizos a los que conocían del propio choriceo. Las cosas como son y puestos a establecer diferencias.

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